sábado, 7 de febrero de 2026

 

TENERIFE CON MI HIJA


No sé bien cómo comenzar este relato, que difiere totalmente de los que acostumbro a escribir acerca de mis viajes con la Hermandad de Jubilados de los ministerios de comercio, economía y hacienda. Este que escribo ahora es un viaje muy especial por las circunstancias que me han llevado a él. A ver si logro explicarme.


Mi hermana Charo, residente en Tenerife, es paciente oncológica va a hacer ya tres años el próximo marzo. La última vez que nos vimos fue en Astorga en el verano de 2021 y la última vez que yo había estado en Tenerife fue en 2017 con motivo del fallecimiento de mi otra hermana, Marisa, la gemela de Charo.

Durante los últimos tres años siempre he estado en contacto telefónico con Charo, llamándola siempre todos los lunes desde que la ingresaron en el hospital por primera vez en marzo de 2023, y tanto mis hijos, Mariano y Marisa, como yo, siempre hemos vivido a distancia los avatares de su enfermedad con numerosos ingresos hospitalarios.


El pasado mes de enero, a principios del mismo, mi hija Marisa me preguntó si no había pensado en desplazarme a Tenerife para darle un abrazo a mi hermana. Mi hijo Mariano, que mantiene una relación muy estrecha con su tía y con su marido, Javier de la Rosa, ya la había visitado un mes atrás, una visita más de las tantas que le ha hecho estos últimos años.


A la pregunta de mi hija Marisa le respondí que ya me consideraba incapaz de viajar solo en avión con todo lo que ello implica en la actualidad. Además llevo más de 20 años sin sacar personalmente un billete de avión ni tener que preocuparme de la logística. Los últimos años que pasé en activo en el ministerio hasta que me jubilé en 2015, los viajes de trabajo que hacía periódicamente a Bruselas cada dos meses me lo daban todo hecho y lo único que tenía que hacer era presentarme en el aeropuerto con los documentos que me habían proporcionado.


En cuanto a los muchos viajes que he hecho con la Hermandad de Jubilados, tres cuartos de lo mismo: no tenía que hacer nada porque ya nos lo dan todo resuelto y la Hermandad así como las agencias de viaje que colaboran con nosotros funcionan como un reloj suizo.

Vuelvo al principio. De modo que cuando le contesté a mi hija que me consideraba incapaz de desplazarme solo a Tenerife, me contestó rotundamente que no tenía que viajar solo, que ella me acompañaba y que se encargaba de toda la logística. En esa situación, le dije que sí sin dudarlo y únicamente le comenté que ya que íbamos a desplazarnos, lo único que le pedía era un pequeño capricho, pernoctar en el Hotel Mencey. Este hotel no solo es un 5 estrellas, es mucho más, es un símbolo de la isla desde principios de los años 50 del siglo pasado, y para mí, por las circunstancias que ahora explicaré (espero hacerlo en pocas líneas), es muy especial.


La que fue mi casa en Santa Cruz de Tenerife durante mi infancia y mi adolescencia hasta los 15 años se encontraba y se encuentra en la calle Teniente Martín Bencomo, justo a 100 metros del hotel Mencey, y por lo tanto el hotel fue siempre un lugar próximo en todos los sentidos: en sus jardines, junto con mis amigos, jugábamos, nos bañábamos en su piscina, 20 pesetas la entrada, y nos paseábamos por sus instalaciones como si estuviéramos en nuestra casa, siempre con el visto bueno del personal del hotel que nos conocían a todos, pues nuestros padres solían tomar el aperitivo muchos domingos en el hotel.

Citaré dos anécdotas que viví en el Mencey. En 1961, yo tenía 14 años, el Club Deportivo Tenerife ascendió a la primera división del fútbol español. Prácticamente la totalidad de los equipos que visitaban la isla se alojaban en el Hotel Mencey. Seguramente en la mañana de un domingo, mis amigos y yo jugábamos con una pelota en la gran rotonda central de césped del hotel cuando se nos acercó Enrique Collar, recientemente fallecido, extremo izquierdo del Atlético de Madrid, un gaditano simpatiquísimo que se puso a jugar con nosotros unos minutos. Yo siempre he pensado qué habría ocurrido si Collar se hubiera lesionado por hacer felices a unos adolescentes.

La otra anécdota es que cuando se alojó el Real Madrid en el hotel, el sábado en la noche nos bajamos a unos de los bares del Mencey y allí estuvimos departiendo con Puskas, Gento, Pachín… hasta que llegó Di Stéfano; nos vio y nos soltó tres palabras muy rotundas con muy malas pulgas: “¡Niños, coño, fuera!”, así que nos tuvimos que marchar con el rabo entre las piernas, pero nadie nos puede quitar el hecho de haber departido con ellos. Luego, al día siguiente, ya en el estadio Heliodoro Rodríguez López, les pude hacer fotos a todos ellos (cuyos negativos conservo como oro en paño) en el campo de juego antes de comenzar el partido. Quien me lea se estará preguntando que cómo fue eso posible; esa es otra historia que necesitaría otro artículo.

(Cuarenta años más tarde, en Estambul, en 2001, durante mi destino como Agregado Comercial, con motivo de un encuentro de Copa de Europa entre el Real Madrid y el Galatasaray, en una comida que organizó el Embajador en la residencia de verano de la Embajada, en Buyukdere, junto al Bósforo, tuve ocasión de departir con Amancio, Gento, Di Stéfano y Valdano, al lado del cual me tocó sentarme en el almuerzo. Le comenté a Gento lo acaecido 40 años atrás, pero no me atreví a decirle nada al gran Alfredo, que imponía). Hay documento gráfico del almuerzo:

https://jjalonsopanero.blogspot.com/search?q=Estambul

En fin, situémonos en la realidad del presente. El 4 de enero mi hija Marisa reservó el hotel y adquirió los billetes de avión al aeropuerto de Los Rodeos (siempre se llamó así y así lo seguiré llamando yo), ahora conocido como Tenerife Norte para distinguirlo del Reina Sofía, Tenerife Sur, con ida el viernes 30 de enero y regreso a Madrid el lunes 2 de febrero.

Lo que nadie podía prever, ya que mi hermana se encontraba relativamente bien en su apartamento de Santa Cruz, es que fuera a tener una recaída y la tuvieran que ingresar en el hospital justo el día antes de que nosotros llegáramos. En cualquier caso nunca pensamos en cancelar o posponer el viaje.

Viernes, 30 de enero

Así pues, el viernes 30 de enero, tras un vuelo con muchas turbulencias (de los peores que he hecho en mi ya larga vida) aterrizamos en Los Rodeos sobre las tres de la tarde. Habían ido a esperarnos mi hermano Paulino y su esposa Eva.



Nos inscribimos en el hotel, habitación 90, hermosa y acogedora, en la planta del entresuelo y tras deshacer las maletas nos dimos un pequeño paseo por los alrededores en mangas de camisa con un tiempo maravilloso, increíble para quienes habíamos sufrido una copiosa nevada en Las Rozas tres días atrás. Pasamos, justo enfrente del Hotel Mencey, en el lugar que se encontraba la Residencia Tamaide, que la derribaron hace años para levantar un nuevo edificio. Estuve hospedado en Tamaide, habitación 103 que daba a la Rambla, todo el año 1972 durante mi destino como Secretario de la Delegación Regional de Comercio, hoy en día Dirección Territorial de Comercio. Esa historia la cuento con pelos y señales en el prefacio del artículo correspondiente a mi viaje a la isla de La Palma en junio del pasado año con la Hermandad de Jubilados.

A las cinco de la tarde tomamos un taxi para desplazarnos al hospital, cercano a San Cristóbal de La Laguna, que es el que le corresponde a mi hermana, ya que su residencia habitual la tiene en La Laguna.

La gran diferencia que suponía el que hubiéramos podido visitar a mi hermana en el apartamento de Santa Cruz sin restricciones de ningún tipo, ahora se circunscribía a unas visitas muy estrictas entre las 17:00 y las 18:30 y siempre con sólo dos visitantes a la vez y con mascarilla, de modo que nos teníamos que alternar mi hija y yo con mis hermanos Paulino y Eva, así como con Javier, el esposo de mi hermana. Le dimos un abrazo muy emotivo a Charo y allí estuvimos departiendo, fundamentalmente escuchándola a ella, hasta que nos tuvimos que marchar.





Tomamos un taxi en las puertas del hospital y nos dirigimos al hotel. Marisa le había echado el ojo a uno de los restaurantes del hotel que le pareció ideal para cenar. Tenía como un comedor de juguete, una mesa redonda para cuatro comensales y una barra con seis cómodos asientos. El personal preparaba y servía los pedidos confeccionándolos a la vista de todos. El restaurante, dentro del hotel como ya he dicho, se llama Colmado 1917 y en él disfrutamos de una excelente cena que comenzó sobre las 20:00 horas.




Cuando acabamos, me fumé un cigarrillo en las puertas del hotel y nos adentramos en la vecina calle, mi calle, de Teniente Martín Bencomo, hoy en día repleta de coches aparcados, cuando en mi infancia tan solo solía estar el coche de mi padre como muestra la instantánea de 1961. Llegamos hasta casi el final de la calle a la que fue mi casa, muy bien cuidada hasta el extremo que puedo decir que era la más bonita de la calle. Aquí, recordando los tiempos en que jugaba con mis amigos al fútbol en esta vía (a lo mejor pasaba un coche cada media hora) me hizo mi hija varias fotos.



La ocasión se presta para que incluya en el relato una foto por mi muy querida. Es de mayo de 1956, a mi me faltaban dos meses para cumplir 9 años y la hizo mi padre con su recién adquirida Contax IIIa de Zeiss. En la foto estoy en el jardincillo (hoy en día desaparecido) que tenía la casa junto a las escaleras y que servía de separación con la de nuestros vecinos los Thomé. Me acompañan mis íntimos amigos, los hermanos Beautell Stroud, Fernando y Emilio, y los hermanos Thomé de Guezala, Federico y Fernando, desgraciadamente ya fallecidos ambos, que habitaban la casa vecina cuyas escaleras se ven en la foto. Aún hoy mantengo un estrecho contacto con Emilio Beautell, que es el rubio que se ve a la derecha en primer plano. Emilio, al igual que ni hermano Paulino y quien suscribe estas líneas en un hincha irredento del Real Madrid. Por último, antes de abandonar este párrafo una aclaración. Quien mire la foto le llamará la atención de ver a mis cuatro amigos vestidos con ropa de diario para jugar y quien suscribe estas líneas de traje con pajarita. Todo tiene una explicación, yo iba a acompañar a mi padre a la inauguración de una fábrica de la industria gráfica y me habían vestido “de domingo”. Han pasado casi 70 años, pero aún recuerdo muy bien ese día.


Salimos de la calle bajando por la avenida 25 de julio hasta desembocar en la cercana Rambla, que en mis tiempos se llamaba del General Franco y que ahora se llama Rambla de Santa Cruz. Nos acostamos temprano y ya teníamos programados los pasos que íbamos a dar al día siguiente.

Sábado, 31 de enero


Desayunamos sobre las 09:00 con el excelente buffet del hotel, y después nos fuimos andando hasta la pastelería de López Echeto, sita en la Rambla esquina con la calle Numancia. Esta pastelería tiene muchos recuerdos para mí; su obrador original estaba y sigue estando en San Cristóbal de La Laguna, muy cerca de la iglesia de la Concepción, en la calle San Antonio, y de niño recuerdo siempre los increíbles dulces (maravillosas las rosquillas de huevo, los tocinos de cielo, los petitsus…) que elaboraba don Luis López Echeto, aragonés de la quinta de mi padre. Después de muchísimos años de éxito la empresa que ha pasado a hijos y nietos, decidió abrir casa en Santa Cruz, en un lugar ideal, en una de las zonas más bonitas de la Rambla, próxima a la que fue mi casa así como al Hotel Mencey.


Puesto que íbamos a ir a comer a casa de mi hermano Paulino, le propuse a mi hija el adquirir en el obrador de López Echeto un surtido variado de dulces, y eso hicimos, siendo Marisa la que eligió todos los pasteles, con alguna indicación mía, pues no quería quedarme sin probar de nuevo, después de tantísimos años, las famosas rosquillas de huevo, así como los tocinos de cielo. Salimos de la dulcería y nos dirigimos dando un paseo por la Rambla hasta el hotel, donde nos iba a recoger Paulino. El paseo lo hacemos con un tiempo climatológico increíble para un 31 de enero, sobre los 20 grados, con un sol espléndido. A pesar de haber vivido tantos años en Canarias, sigo sorprendiéndome del maravilloso clima que disfrutan las islas, un auténtico tesoro.

A las 11:00 en punto nos recoge mi hermano en el hotel, y tal como habíamos programado nos dirigimos al cementerio municipal de Santa Lastenia, donde están enterrados mis padres, así como los dos hermanos fallecidos en la más tierna infancia.

Paulino encontró sitio para aparcar el coche con alguna dificultad, ya que el aparcamiento estaba repleto. Casualmente, el día anterior había fallecido Ricardo Melchior que fue presidente del Cabildo Insular de Tenerife, y que además era amigo mío de la infancia, y que siguió teniendo una íntima amistad con mis hermanas. De hecho, mi hermana Charo sintió muchísimo su pérdida y no dejó de poner en su Facebook una bonita foto actual de ella con Ricardo Melchior.

Aquí, frente al cementerio, tengo que recordar a mi hijo Mariano, que siempre que va a Tenerife no deja de visitar la tumba de sus abuelos; no sólo eso, sino que va preparado para limpiar la lápida del nicho y ponerle flores. La última vez, hace poco más de un mes, además, decidió adornar el nicho con unas bonitas flores artificiales.


Antes de entrar, en la floristería sita frente al complejo, adquirimos unos preciosos ramos de rosas amarillas y rojas, así como también otro de lirios para mi cuñada Eva, que cuando se abrieron al día siguiente lucían espectaculares.

Entramos al cementerio y casi sin dificultades, con la inestimable ayuda de Paulino, logramos encontrar el nicho de mis padres, que estaba impoluto tras la última visita de Mariano. Mi hija Marisa fue cortando e introduciendo las rosas entre las flores artificiales y les echamos además agua.



Cuando salimos nos dirigimos a la cercana casa de Paulino para dejar los dulces y a continuación, mi hermano descapotó su vehículo Renault y tras ponernos crema para el sol nos fuimos a dar un precioso paseo llegando hasta las cercanas localidades de Candelaria y Las Caletillas; en este último punto tuvieron mis padres en sus finales años de vida un apartamento, que mi esposa Eloísa y yo, entonces destinados en la vecina Gran Canaria, en Las Palmas, llegamos a disfrutar. Paramos en el paseo marítimo, donde Paulino logró encontrar un aparcamiento y estuvimos recorriendo el lugar a pie disfrutando del maravilloso tiempo, que había congregado a numerosos bañistas en la playa. Un auténtico lujo.


Ya en la casa de mi hermano, le dimos un abrazo a mi cuñada Eva así como a mi sobrino Paulino, al que hacía mucho tiempo que no veíamos, y por ello nos produjo una gran alegría el poder abrazarlo. Paulino hijo no sólo iba a comer con nosotros, sino que además, como profesional del ramo él se encargaba hoy de la cocina.


Tuvimos los cinco un almuerzo maravilloso con aperitivos de entrada y una paella de lujo confeccionada por Paulino. De postre cayó casi entera la bandeja de dulces de López Echeto, así como durante la comida tres botellas de vino Prieto Picudo de 2024 que estaban de muerte, y de remate más de una copita de Pedro Ximénez. Total, quien escribe estas líneas acabó ligeramente achispado. Durante el almuerzo mi hermano y yo estuvimos recordando tiempos de nuestra infancia en Tenerife, así como los años de nuestra adolescencia e incipiente juventud en Madrid, cuando nos quedamos solos en la casa de la calle Vallehermoso durante el destino de nuestros padres en Ginebra que se llevaron con ellos a nuestras hermanas. Este es el punto para decir que pocas veces lo he pasado tan bien como en esta ocasión; creo que todos disfrutamos como hacía muchísimo que no lo hacíamos.

Ya en la tarde fuimos de nuevo a visitar a mi hermana Charo al hospital. Allí nos encontramos con su marido Javier, y alternándonos de dos en dos fuimos entrando todos en la habitación de Charo, a la que contamos nuestras vivencias y sobre todo escuchamos sus palabras, pues mi hermana cuando empieza a hablar no acaba. Se la veía contenta, dentro de su particular situación y no dejamos de hablar, sobre todo Charo, de la malísima suerte de que la tuvieran que ingresar, cuando ella lo tenía ya todo preparado en su apartamento de Santa Cruz para nuestra visita. Qué se le va a hacer; está claro que el hombre propone y Dios dispone.

Cuando abandonamos el hospital nos dirigimos al hotel y luego, antes de cenar estuvimos una media hora sentados en un banco de la Rambla hasta las 8 de la tarde en que fuimos a La Tasca de Enfrente, que como su nombre indica está justo frente al Hotel Mencey desde hace casi 70 años. Marisa y yo nos sentamos en una mesa en la terraza y siguiendo las recomendaciones de mi hermana pedimos solomillo fileteado con salsa y tortilla de patatas con cebolla, que la sirvieron muy jugosa, como a mí me gusta. Marisa bebió vino tinto y yo cerveza, de las que cayeron dos cañas. La parte divertida de la cena fue “la amistad” que hizo mi hija con el matrimonio y una amiga que estaba sentado en la mesa de al lado, y que eran muy agradables; él acabó sirviéndole vino de su botella a mi hija mientras Marisa esperaba a que le trajeran otra copa. Lo pasamos muy bien.  

Domingo, 1 de febrero

Desayunamos con el magnífico buffet del Hotel sobre las nueve de la mañana, con tranquilidad, y tras pasar por la habitación abandonamos el Mencey para darnos el gran paseo que teníamos programado hasta la Plaza de España junto al mar.



Atravesamos la Rambla y nos introdujimos en el Parque Municipal García Sanabria, un símbolo de la isla y el pulmón de Santa Cruz. Fuimos recorriendo los lugares que yo vivía de niño mientras Marisa tomaba fotos con su iphone17. Al llegar al reloj de flores, un icono de Santa Cruz, nos detenemos y un amable señor de mi edad nos hace un par de fotos, juntos a padre e hija. Esta es la ocasión de contar que siempre he mirado este reloj de una manera muy cercana. La maquinaria del mismo se importó de Suiza en los años 50 del siglo pasado y la licencia de importación la firmó mi padre siendo el Delegado de Comercio en Santa Cruz de Tenerife. Durante mi destino en esta ciudad, en 1972, todos los días de lunes a viernes pasaba por delante del reloj en el trayecto que me llevaba, paseando, desde la Residencia Tamaide hasta la delegación de Comercio, en la calle del Pilar, 1. Creo que este es el lugar para comentar las fotos que inserto de mis hijos Mariano y Marisa de niños junto al reloj de flores. Las fotos son de julio de 1979 y corresponden al viaje que hicimos desde Ginebra, donde yo estaba destinado, hasta Santa Cruz, para asistir a la jubilación de mi padre que cumplía 70 años el 31 de julio.



Continuamos nuestro paseo bajando por la calle del Pilar hasta llegar a la esquina con Pérez Galdós, donde subimos y torcimos a la izquierda en Juan Padrón por donde se salía del garaje de la que fue, desde 1972, última morada de mis padres en Santa Cruz de Tenerife en la calle del Castillo; era un increíble y precioso piso triplex. Al llegar aquí, Marisa que en 1979 tenía 4 años, miraba hacia el balcón de la casa y decía que se acordaba perfectamente y que desde ese balcón había visto desfilar a su abuelo por la calle el 25 de julio, fecha conmemorativa en que la ciudad de Santa Cruz de Tenerife derrotó a la escuadra inglesa que intentaba invadir la isla; el Comandante Nelson, al mando de la escuadra, perdió aquí un brazo alcanzado por una bala del cañón Tigre.



Continuamos cuesta arriba por la calle del Castillo, hoy peatonal, hasta la Plaza de Weyler y la Capitanía General de Canarias, donde en 1936 era capitán general Francisco Franco; aquí topamos con una manifestación de los pro animales que gritaban como desaforados “Sí a la vida, no a la caza”.


Recorremos de nuevo hacia abajo la calle del Castillo, y nos detenemos en la tienda de Skechers. Antes, según subíamos, mi hija ya se había fijado en la tienda, y como estaba abierta (lo estaban todas las de la calle pese a ser domingo, probablemente porque al día siguiente, la Candelaria, era fiesta local, y además aprovechaban la invasión de turistas de dos grandes cruceros atracados en el muelle), Marisa me dijo que me iba a regalar unos zapatos maravillosos, que no tenían que ver nada con las deportivas que yo llevaba de El Ganso. Tras probarme varios Skechers acabé saliendo de la tienda con unos puestos, que no eran los más bonitos, pero eran los que me quedaban como un guante. Iba calle abajo como flotando, los zapatos son una maravilla y nunca le agradeceré bastante a mi hija el regalo.




Seguimos cuesta abajo y en Loterías y Apuestas del Estado Marisa cobra un reintegro de la Lotería de Navidad. Continuamos hasta la plaza de la Candelaria, también ahora peatonal, donde encontramos de nuevo a los manifestantes, y seguimos hasta la plaza de España, donde Marisa me toma numerosas fotos. Nos sentamos en un banco, donde me fumo un cigarrillo, y admiramos el panorama que desde aquí se vislumbra del centro de Santa Cruz.  El tiempo climatológico es increíble, con una temperatura ideal algo superior a los 20 grados y un cielo azul y diáfano sin una sola nube.



Tras el maravilloso paseo que disfrutamos, cogemos un taxi para regresar al hotel.

Nos recoge Javier a las dos y media, pues nos había invitado a comer en el Real Club Náutico. Nos sentamos en la terraza contemplando la vista del mar azul frente a nosotros, y aunque nos hacen esperar bastante hasta que nos sirven, además de la compañía de mi cuñado, disfrutamos de una fantástica comida, de la que recuerdo un maravilloso pato con una salsa increíble. Acabamos de comer ya pasadas las cuatro y media y en un taxi nos dirigimos hacia el hospital para visitar a mi hermana.


Ya en la habitación de Charo le comentamos nuestro día y lo bien que lo habíamos aprovechado y estuvimos con ella hasta las 18:30 en que teníamos que abandonar la habitación. Nos despedimos con emoción, y ya fuera hacemos lo propio con Paulino y Eva que regresan a su casa. Javier, Marisa y yo tomamos un taxi. Dejamos a Javier en su apartamento de Santa Cruz y nosotros seguimos hasta el hotel.

A las 20:15 cenamos en un restaurante adosado al hotel Mencey, KonTiki, ubicado en los jardines de la que fue casa, una increíble mansión, de Don Pedro Duque, hombre de mediana edad en mi adolescencia, delgado, calvo, alguien especial al que recuerdo de niño saltando desde el trampolín de 10 metros del Real Club Náutico, haciendo grandes alardes antes de tirarse espectacularmente. La cena, fantástica, al igual que la del Colmado 1917, fue también de diseño y veíamos cómo la iban preparando a la vista de los comensales.

Nos acostamos pronto.

Lunes, 2 de febrero

Último desayuno buffet en el hotel. Nos despedimos en recepción y tomamos un taxi que nos lleva sin atasco (hoy, día de la Candelaria es fiesta local) hasta el aeropuerto. El taxista, muy canario, nos despide diciéndonos que la Virgen de la Candelaria nos proteja.

Con las ventajas que disfruta Marisa por sus muchos vuelos transoceánicos, igual que hicimos en Madrid, vamos a la sala VIP.

Despegamos poco después de las 11:30 hora canaria, y llegamos a Madrid, tras un vuelo apacible, antes de las tres de la tarde.

Nos recibe Madrid con restos de lluvia y 9 grados de temperatura.

Recogemos el coche de mi hija en el aparcamiento.

Antes de las 16:00 estoy en casa.

Este ha sido un viaje muy especial; especial por las circunstancias que me llevaron a hacerlo, que no hubiera deseado que existieran, pero no se puede luchar contra la realidad. Además, corrimos con la mala suerte del ingreso hospitalario de Charo, cuando ella, con gran amor, había preparado todo en su apartamento para que la pudiéramos visitar en familia y sin restricciones. La realidad nos impuso otras reglas y a ellas tuvimos que atenernos.

Lamentando la parte negativa del viaje, afortunadamente conté con la compañía de mi hija, que fue muy especial para mí y me faltan las palabras para describir mis sentimientos.

Espero que todo aquel que lea estas líneas haya encontrado interesante todo lo que en ellas narro de los cuatro días que mi hija y yo pasamos en Tenerife.

Acabo. Este relato es un regalo que le hago a mi hermana. Ya que no pude estar con ella todo el tiempo que habría deseado, que ella puede disfrutar leyendo las vivencias de su hermano mayor y de su sobrina en los cuatro días que pasamos en Tenerife. ¡Va por ti, Charo! Muchísimos besos.

Juan José Alonso Panero

Las Rozas de Madrid, 7 de febrero de 2026

jueves, 6 de noviembre de 2025

 

MARRUECOS

Nuevo viaje con la Hermandad de Jubilados de los ministerios de Comercio, Economía y Hacienda, esta vez al norte de Marruecos. La Hermandad había designado esta excursión como “El tiempo entre costuras”, en alusión a la famosa novela de María Dueñas, de ese mismo nombre. Tengo que decir que nada más ver el viaje anunciado me dio una gran alegría y no dudé en ningún momento de apuntarme a él de inmediato.



Había conocido el sur de Marruecos todavía en vida de mi esposa Eloísa y aprovechando la estancia de mi hijo Mariano como becario de ICEX en la oficina comercial de España en Rabat. Yo todavía estaba destinado como agregado comercial en Estambul cuando viajé la primera vez con mi esposa y estuvimos en Rabat, Casablanca y Marrakech; luego, ya viudo en 2002, disfruté la etapa final de Mariano para desplazarme de nuevo a Marruecos y conocer también Fez. Debo decir que guardo un recuerdo imborrable de ambos viajes.


En esta ocasión, y antes de iniciar este nuevo periplo, volví a releer la novela de María Dueñas 15 años después de haberlo hecho por primera vez, pues se suponía que íbamos a visitar muchos de los lugares protagonistas de la novela, y sobre todo de la serie que siguió al libro y que yo nunca visioné. La realidad fue menos propicia y realmente sólo vislumbramos algún que otro lugar, y de pasada, de los que protagonizan el libro.

Creo que este es el lugar para decir que el Marruecos que he conocido en esta ocasión no difiere mucho del que conocí hace casi un cuarto de siglo. Prácticamente no han variado ni en las infraestructuras ni en las costumbres. No quiero ser injusto, pero desde mi punto de vista personal, mucho tienen que cambiar si quieren incorporarse a la modernidad.

Antes de iniciar el relato, como siempre hago, informo que mis fotografías han sido realizadas todas con un teléfono móvil Samsung Galaxy A40. Incluyo también numerosas fotos de otros compañeros de viaje; espero no haberme confundido en la autoría de las fotografías, así como en los lugares que retratan.

En cuanto a la parte cultural de esta historia, he utilizado para confeccionarla la Wikipedia, así como lo relatado por nuestro guía Eliah.


Lunes, 20 de octubre de 2025

Los viajeros somos 21 en total con mayoría femenina, como habitualmente, en esta ocasión 15 a 6: Baltasar Balbuena y esposa, Elena Romero, Pilar Cerrada, José Miguel y esposa Mª Jesús, Purificación Rodríguez, Concha Borrego, Francisco Javier Gutiérrez, Ramiro González, Ana Monje Encinas, Mercedes Pérez Ajero, Milagros, Juan Carmona y su esposa Mª Victoria, Amparo Campa, y quien suscribe estas líneas. Me quedan cuatro compañeras en el tintero que no he logrado recordar; espero que me perdonen.


El vuelo IB1361 tenía su hora de salida a las 11:25 pero lo hicimos con un retraso de casi una hora. Llegamos a Tánger sobre las 14:00 horas de la península española, las 13:00 locales.

Nos esperaba un propio de la agencia Ideatur que apenas hablaba español y no coordinaba en absoluto, de modo que entre pasajeros que fueron a cambiar moneda y otros a comprar determinados artículos en el aeropuerto, perdimos casi una hora hasta que estuvimos reunidos los 21 viajeros en el autobús.

XAUEN

Xauen es capital de la provincia del mismo nombre. Está situada en el norte del país, en las estribaciones de las montañas del Rif, cerca de Tetuán. Pertenece a la región de Tánger-Tetuán-Alhucemas. Ronda los 45.000 habitantes.


El nombre Xauen proviene de la locución bereber para “los cuernos”, en referencia a los dos picos visibles desde la ciudad. Una creencia popular afirma que el nombre de Chefchauen procede del árabe coloquial shuf (mira) y el bereber arabizado ashawen (los cuernos), pero no hay evidencia alguna de ello. La forma abreviada del nombre de la ciudad pasó al español inicialmente como Xauen, aunque desde tiempos recientes se utiliza más la forma Chauen.


La ciudad fue fundada en 1471. Su población original estuvo compuesta sobre todo por exiliados de al-Ándalus, tanto musulmanes como judíos, razón por la cual la parte antigua de la ciudad tiene una apariencia muy similar a la de los pueblos andaluces, con pequeñas callejuelas de trazado irregular y casas encaladas (frecuentemente con tonos azules).


Xauen fue durante siglos una ciudad considerada sagrada, donde se prohibía la entrada a los extranjeros. Por esta razón se ha mantenido con pocas alteraciones toda su fisonomía medieval. Los cambios en la estructura urbana y poblacional de Xauen son muy recientes.


Tras el establecimiento del protectorado español de Marruecos (1912), se produjo la presencia en Xauen de personas occidentales. Cuando los españoles llegaron, la ciudad tenía una importante población judía sefardí que hablaba judeoespañol.


Durante la presencia española se estableció en la ciudad el grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Xauen Nº6. En el Plan de Ordenación Urbana de la ciudad de 1944 intervino Pedro Muguruza. De la promoción de turismo de Xauen con el reclamo de su importante patrimonio histórico es testimonio el hotel Parador de Xauen, que sin embargo no pertenecía a la red de Paradores de España.


Fue en Xauen donde se produjo la ceremonia de traspaso de la soberanía de la región a Marruecos, arriándose la bandera española, en 1956.


Como en otras ciudades que pertenecieron a España, una parte de sus habitantes sabe español con competencia limitada. En la actualidad Xauen es un importante centro turístico, donde destaca el antiguo caravasar (caravanserai), ocupado ahora por pequeñas tiendas y artesanos. Por ello ha atraído a inmigrantes de otras zonas de Marruecos, principalmente del sur. Está considerada como una “Ciudad Santa”.

Nuestro tiempo en Xauen

Tardamos casi tres horas en recorrer los 118 Km que separan a Tánger de Xauen, donde nos esperaba el guía de la agencia, Eliah, que hablaba un español fluido, y otra pequeña odisea para llegar al restaurante Triana desde el lugar donde nos dejó el autobús. Unos lo hicieron a pie desafiando las grandes cuestas que encontramos y otros tras las oportunas gestiones de Elena con el guía Eliah, lo hicimos en taxi. Cuando comenzamos el almuerzo era la hora de la merienda, pasadas ya las 16:00 horas locales, para nosotros las 5 de la tarde.


 Comí con Pilar Cerrada, Juan Carmona y su mujer Mª Victoria en el restaurante Triana, de primero una ensalada marroquí, luego tajín de ternera con ciruelas y almendras, francamente muy bueno, y una copa de fruta variada de postre, agua y té a la menta. Pilar nos invitó a ¡cerveza Estrella Galicia! La comida resulto perfecta, tanto por lo que consumimos como por la agradable compañía.


Fuimos andando al hotel, próximo, donde ya estaban nuestras maletas, y nos distribuyeron las habitaciones además de darnos las contraseñas para la Wifi.


Bajé a cenar sobre las 21:00 horas aunque aún tenía la comida en la boca; fue bufé. Después de la cena hubo quien se aventuró a dar un paseo nocturno por Xauen.


 

Martes, 21 de octubre de 2025

Desayuné a las 08:00 horas y a las 09:00 estábamos ya todos en la recepción del hotel con nuestras maletas que fueron llevadas en varios coches a nuestro autobús.

Iniciamos un largo paseo por Xauen de casi dos horas, realmente precioso y que por sí solo ya habría merecido el viaje.

 

TETUÁN

Tetuán (en árabe titwan o tatwan; en lenguas bereberes tittawin) en ocasiones conocida con el sobrenombre de “La paloma blanca”, está ubicada en las proximidades del mar Mediterráneo, cerca de Tánger y de la ciudad española de Ceuta. Cuenta con cerca de 400.000 habitantes. Antigua capital del protectorado español de Marruecos, en la actualidad es residencia veraniega del actual monarca Mohamed VI. Es la ciudad de Marruecos con más rasgos andalusíes.


Tetuán fue ocupado por los españoles el 19 de febrero de 1913. Entre 1913 y 1956 fue la capital del protectorado español de Marruecos.

En este periodo se convierte en una ciudad moderna, experimentando un gran desarrollo económico y cultural al desarrollarse en Ensanche de Tetuán (1913-1956) de unas treinta hectáreas de extensión junto a la Medina para acoger a la población civil y militar española. En él se encontraban los principales edificios de Tetuán, como el Ayuntamiento, Juzgados o centros educativos, en estilos historicista y neoherreriano, regionalista (neomudéjar), art decó y modernista.

La influencia del protectorado ha seguido siendo importante incluso después de la independencia del país. De este periodo data la construcción del aeropuerto Sania Ramel (1913), Ateneo Científico y Literario Musulmán (1916), Pasaje Benarroch, el centro educativo de la Compañía de María, actualmente Instituto Español Nuestra Señora del Pilar (1914), Delegación de Asuntos Indígenas, actual Escuela de Enfermería, el Casino Español (1920), Centro Médico, Archivo de la Delegación de Cultura (actual oficina de Turismo), el Mercado, el periódico La Gaceta de África (1930) y el ferrocarril Ceuta-Tetuán (1918). Se puede señalar además la pionera Escuela Ahlia (1925), la primera escuela árabe islámica de enseñanza moderna del norte de Marruecos para la élite nacionalista marroquí.


Muchos habitantes han conservado el castellano como segunda lengua, lo que se refleja en los rótulos de numerosas calles y comercios. El gobierno marroquí, sin embargo, ha visto esta diferencia respecto al resto del país (donde la segunda lengua es el francés) como un posible aliciente para las reivindicaciones autonomistas que siempre ha tenido el norte de Marruecos, por lo que ha hecho todo lo posible para erradicar el uso del castellano en la zona.


En la actualidad, el idioma español es poco utilizado entre las personas jóvenes, algo más entre las de mediana edad y mucho entre las mayores. En ello influye también la afluencia de inmigrantes procedentes de otros lugares de Marruecos. Cabe también señalar la existencia de varios centros de enseñanza españoles en dicha ciudad: el colegio español Jacinto Benavente (de enseñanza primaria), el Instituto Español Nuestra Señora del Pilar (de enseñanza secundaria) y el Instituto Español Juan de la Cierva (de formación profesional).

La ciudad antigua, o Medina de Tetuán, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y se emprendieron importantes tareas de restauración en las que participó la Junta de Andalucía, habida cuenta del origen andalusí de gran parte del casco viejo. Desde 1999 ha sido la principal residencia veraniega del actual monarca marroquí Mohamed VI.


Tetuán está enclavada en una región agrícola, lo que la convierte en el centro comercial de los productos cultivados en la zona como cereales, cítricos, fruta y hortalizas. El resto de la actividad se reparte entre la cría de ganado y la artesanía. Cuenta, además, con establecimientos especializados en la manufactura de productos derivados del tabaco, jabones, fósforos, harina, tejidos y materiales de construcción, aunque las industrias principales son la conserva (pescado), la de artes gráficas y la producción de muebles.


Como curiosidad, el Atlético Tetuán es el único equipo de África continental que ha jugado en la Primera División de Fútbol española; fue en la temporada 1951-52, aunque quedó el último y descendió a la Segunda División. Su puesto en la clasificación histórica de la primera división española de fútbol es el número 62. En mi niñez tinerfeña, aún recuerdo tener cromos del Atlético Tetuán antes de la independencia de Marruecos.

Nuestro recorrido por Tetuán


Luego, ya en el autobús nos dirigimos hacia Tetuán, 61 Km que hemos tardado hora y media en recorrerlos por carreteras casi tercermundistas con niños vendedores en el arcén cada 5 ó 6 Km.


Dada la hora en que llegamos, nos fuimos directamente a comer en un restaurante de la medina; aquí, con la connivencia de nuestro guía se unió “un propio” a la expedición supuestamente para ordenar nuestro recorrido, lo típico para poder acogerse a una propina. Nos llevó un rato de camino, con cuesta en muchos tramos, llegar al restaurante. Comí en una mesa con Elena, Concha, Amparo, Puri y Ramiro. De primero una sopa aceptable y de segundo un tajín de pollo que no estaba mal pero nada que ver con el de ayer; de postre unos dulces parecidos a polvorones y té a la menta. Agua de bebida que querían cobrarla; tras la intervención de Elena y una llamada del guía a la agencia se resolvió el asunto. Por supuesto nada de cerveza o vino, ni pagándolo. El restaurante era el típico para turistas con músicos que interpretaban unas melodías autóctonas que a mí me pareció estridente. A lo mejor soy injusto, pero es lo que siento.

Después de comer estuvimos una hora recorriendo la medina de Tetuán que era interesante, aunque a mí, que lo pasaba mal durante mi destino en Estambul cada vez que tenía que ir al Gran Bazar o al Bazar Egipcio, me pareció un “deja vu” que se me hizo algo pesado.

Después hicimos un recorrido a pie por las calles de Tetuán llegando hasta el centro donde está el palacio real en una gran explanada, que acoge todos los veranos al actual rey Mohamed VI.


Si la hora de recorrido por la Medina fue un tanto aburrida, la tarde acabó peor. Recorrimos nuevamente la medina en un camino que a todos nos pareció un sinsentido durante cerca de una hora hasta que llegamos a una farmacia con artículos de belleza donde hacían una presentación con el ánimo de que los presentes se dejaran los dineros en la compra. De los 21 picaron 17; yo no estaba entre ellos. A la salida de la farmacia el “propio” que se nos había unido solicitaba la oportuna propina; creo que nos pusimos de acuerdo y le dimos entre todos 20 euros.


Luego, ya en el autobús hicimos un recorrido por las principales calles de Tetuán que tiene un aire profundamente andaluz, y nos dirigimos al hotel La Paloma donde nos dieron las habitaciones y las contraseñas para la Wifi.

Cena de bufé.

 

Miércoles, 22 de octubre de 2025

El día comenzó con sorpresa. Fui al baño de forma normal, pero cuando subí del desayuno sentí retortijones y tuve que ir corriendo al cuarto de baño. Asustado me tomé dos Fortasec y bendije la hora en que el pasado domingo, comiendo en casa de mi hija, tanto Marisa como mi hijo Mariano me dijeran que no me olvidara de meter el anti diarreico en la maleta; a mí ni se me había pasado por la cabeza, de modo que si no es por mis hijos hubiera padecido un drama mucho peor de lo pasado. Todavía antes de abandonar la habitación ya con mi maleta, tuve que ir nuevamente al baño deprisa y corriendo; asustadísimo me tomé otra cápsula de Fortasec y ya afortunadamente la cosa paró, pero las primeras horas de la mañana las pasé acongojado pensando qué pasaría si me entraba un retortijón en el autobús o en plena calle. Gracias a Dios todo transcurrió con normalidad.

Esta mañana hemos salido de Tetuán a las 09:30 y llegamos a Tánger tras recorrer los 45 Km que la separan de Tetuán ¡una hora y media después! sobre las 11:00; una tortura.

 

TÁNGER


Tánger, según nos dijo Eliah es la segunda ciudad de Marruecos tras Casablanca. El guía nos apuntaba que debido a la gran riada de personas que se han desplazado del mundo rural hacia esta gran ciudad, sus habitantes se cuentan en 3 millones, tres veces la cifra oficial que en 2022 apuntaba a 974.000 habitantes. ¿Quién tiene razón?

Tánger está ubicada en las proximidades del estrecho de Gibraltar. Bañada por las aguas del océano Atlántico y del mar Mediterráneo, es la capital de la región Tánger-Tetuán-Alhucemas. Durante parte del siglo XX constituyó un protectorado internacional hasta la incorporación de la ciudad a Marruecos con la independencia del país en 1956.


Su ubicación geográfica la convierte a fines del siglo XIX y comienzos del XX en un centro de la diplomacia europea y para la actividad comercial de Marruecos. En 1923 España, Francia y el Reino Unido firmaron un acuerdo en París, el Protocolo de Tánger, por el que se establecía el condominio de estos países en lo que pasará a ser conocido como Zona Internacional de Tánger. En 1928 se incorporarían al acuerdo también Bélgica, Países Bajos, Portugal, Suecia e Italia, y en 1945 la Unión Soviética al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

El Estatuto Internacional de Tánger propició la formación de una sociedad cosmopolita en la que musulmanes, judíos y cristianos convivían con ejemplar respeto. Una ciudad en la que encontraron refugio hombres y mujeres de las más distintas tendencias políticas, morales e ideológicas. Tánger se convirtió –en un entorno internacional de limitaciones, prohibiciones y monopolios- en un paraíso fiscal en el que reinaba una total libertad de comercio. Llegó a tener en los años 50 del siglo pasado unos 200.000 habitantes, de los cuales 45.000 eran españoles.


Enclave multicultural de comunidades musulmanas, judías y cristianas, Tánger ha atraído por su ambiente cosmopolita y bohemio la atención de artistas como Pierre Loti, Francis Bacon, Paul Bowles, Jean Genet, Tennessee Williams, Jack Kerouac, Eduardo Haro, mi primo hermano Leopoldo María Panero, Arturo Pérez-Reverte, Sánchez Dragó o los Rolling Stones, todos los cuales vivieron o fueron visitantes de larga duración de la ciudad. El politólogo Jorge Verstrynge y la actriz Bibiana Fernández nacieron en Tánger.


En las décadas de 1940 y 1950, mientras la ciudad era una zona internacional, sirvió de refugio para artistas, zona de juerga para millonarios excéntricos, lugar de encuentro para agentes secretos y todo tipo de timadores. Por la ciudad también pasó Juan Goytisolo (al que por cierto conocí en mi destino de Estambul), que la menciona en Reivindicación del Conde Don Julián (1970). Desde 2007 Juan Goytisolo da nombre a la magnífica biblioteca del Instituto Cervantes de la ciudad.

Tánger es el segundo centro industrial de Marruecos después de Casablanca. Los sectores están diversificados e incluyen industria textil, química, mecánica, metalúrgica y naval. La ciudad cuenta con cuatro parques industriales, dos de los cuales tienen el estatus de zona franca. La Regie Renault mantiene una factoría de automóviles Dacia en esta ciudad, según nos dijo el guía Eliah; esta aseveración satisfizo mi curiosidad al ver la gran cantidad de coches de la marca Dacia que abundaban en las calles de Tánger, sobre todo los taxis, casi todos de esta marca.


La economía se basa fuertemente en el turismo. Los hoteles y alojamientos cercanos a las playas han crecido notablemente a través de inversiones extranjeras. Las compañías constructoras y de bienes raíces han mejorado en gran escala la infraestructura turística. La bahía que delimita el centro de la ciudad se extiende por más de 7 Km de costa. La agricultura regional es principalmente cerealera. La infraestructura urbana comprende un puerto marítimo de cargas y pasajeros, una marina y un puerto pesquero. El mercado artesanal en la ciudad vieja se especializa en cuero, manufacturas de madera y plata además de calzado y vestimenta tradicional marroquí. El aeropuerto internacional Ibn Battuta se encuentra a 15 Km al sudoeste de la ciudad.


Tánger es también una ciudad turística. A ella llegan turistas europeos, especialmente desde Francia y España. Entre los lugares de interés se encuentra su Medina, la Alcazaba, la gran mezquita y el Museo Dar El Mandoub. En los alrededores de la ciudad están las Grutas de Hércules y el Cabo Espartel. 

 

Nuestro recorrido por Tánger




Recorrimos la ciudad en autobús por las calles principales y luego subimos entre palacetes por un lugar que el guía nos dijo que se podía asemejar a La Moraleja madrileña. Al final de este trayecto llegamos al Cabo Espartel, donde se unen el mar Mediterráneo y el océano Atlántico; hay una bonita vista y a lo lejos se divisa España. Aquí bajamos del autobús y estuvimos estirando las piernas durante un rato y contemplando el precioso paisaje.



Nos subimos en el autobús y descendimos por la carretera haciendo una parada en las Grutas de Hércules, unas cuevas realmente interesantes.




A continuación nos fuimos a comer, lo hice en unión de Ramiro, una ensalada marroquí y pinchos morunos de cordero de primero y luego cuscús de pollo y verduras y de postre unos dulces parecidos a los baklavas turcos. El restaurante estaba en la medina y también era típico para turistas, con músicos, aunque menos estridentes que los de Tetuán. Aquí, el que quiso sí pudo tomar cerveza o vino pagándolo; Tánger es otra cosa, aún quedan lejanas reminiscencias de la internacional ciudad que fue un día.




Luego dimos un paseo por la medina y llegamos hasta el Museo de la Legación de EE.UU. y al cementerio judío, cuyo nombre figuraba en la puerta del recinto, así, en español, como se puede ver en la fotografía que inserto.



Tras este recorrido, cerca ya de las cuatro de la tarde, nos dirigimos al centro donde Eliah propuso a quienes quisieran, visitar unos establecimientos próximos de hilaturas. Una parte de la expedición se apuntó y otros decidimos esperar las cinco de la tarde, que era la hora propuesta para ir al hotel, en una céntrica plaza tomando unos tés a la menta. Yo me senté con Concha y Mª Victoria que se empeñó en invitarnos.





A las 17:00 descendimos hacia el lugar donde nos esperaba el autobús, junto al mar. Hicimos un pequeño recorrido por la ciudad en el que pudimos divisar la enseña nacional española en lo alto del edificio que alberga el Consulado General de España en Tánger, tal como se puede advertir en la fotografía de nuestro compañero Ramiro.



Llegamos al hotel, Hilton Garden Inn, bastante mejor que los de Xauen y Tetuán. Aquí nos distribuyeron las habitaciones así como nos facilitaron la contraseña para la Wifi.  Ya en el hotel, cena de bufé.

Mañana está prevista una excursión que no estaba incluida en el programa a una ciudad próxima a Tánger, 45 Km, Arcila o Assilah en su versión francesa. La visita tiene un precio, 30 euros por cabeza y será durante el transcurso de la mañana. Se apuntó casi todo el mundo, entre ellos yo. Por la tarde está previsto que visitemos la Alcazaba de Tánger.

El “pequeño problema”. Lo que viene a continuación es la “parte negativa” de mi viaje, y resalto el posesivo ya que fui el único de los 21 expedicionarios que sufrió el problema.

La gastroenteritis que hizo su aparición en Tetuán en la mañana de hoy antes de dejar el hotel, gracias a Dios no dio muestras de actividad durante el transcurso del día, pero tras la cena y al llegar la hora de acostarme comenzó un incesante ir y venir al baño cada veinte minutos. Pasé una noche infernal pensando que me deshidrataba; afortunadamente contaba con agua mineral en el hotel.

Al día siguiente, hecho un trapo, me levanté para ir a desayunar; lo hice en unión de José Miguel y Mª Jesús, y fue ella, la sabiduría de las mujeres, la que me dio la idea de bajarme dos yogures a la habitación ya que me iba a quedar encerrado allí. Informé a los compañeros que lógicamente no iba a ir a la excursión dado mi estado de salud.

Pasé el día en la habitación, la mayor parte del tiempo echado en la cama y levantándome de cuando en cuando para ir al baño, pese a haber seguido tomando el Fortasec.

Almorcé el solitario yogur e hice lo mismo para cenar. Durante el día tuve llamadas de varios compañeros para interesarse por mi salud, así como de la recepción del hotel.

 

Jueves, 23 de octubre de 2025


Todo lo que viene a continuación, incluidas las fotos, es ajeno a mí y lo narro gracias al testimonio de algunos compañeros así como a la Wikipedia, ya que pasé el día encerrado en la habitación del hotel.

Por la mañana, como ya se ha dicho, los expedicionarios visitaron la ciudad de Arcila.




ARCILA (ASSILAH)

Arcila está ubicada en la costa atlántica a 46 Km al sur de Tánger, en una llanura junto a una colina que bordea el mar. Cuenta con poco más de 2.000 habitantes. Es conocida por sus largas playas de fina arena.



En 1912 pasó a formar parte del Protectorado Español de Marruecos y El Raisuni se mostró como un aliado de España, pero de escasa fiabilidad ante su criterio cambiante durante la guerra del Rif. De manera definitiva en 1922 El Raisuni con su gran influencia sobre el territorio que dominaba, se sometió a las autoridades españolas. Durante el Protectorado y hasta la independencia de Marruecos en 1956 se estableció en Arcila el grupo de Fuerzas Regulares Indígenas Larache Nº4.


Las murallas que rodean la ciudad fueron construidas por Alfonso V de Portugal en el siglo XV. En la zona del mar quedan antiguos cañones, Bab Homar o Puerta de Tierra, abierta bajo una torre tiene un escudo de armas del rey de Portugal. La Puerta del Mar, junto a la torre cuadrada portuguesa que domina toda la ciudad, se sitúa en la plaza Sidi Alí ben Hamdush, cuyo interior se dedica a exposiciones.

La medina está formada por casas blancas muy limpias y silenciosas con pinturas murales muy coloristas, el alumbrado público es original: “la linterna de Arcila”; las casas se están rehabilitando con bonito diseño neoárabe. El enlosado de las calles es obra de artistas locales. Destaca junto al mar un antiguo cementerio musulmán con tumbas de cerámica multicolor, y el mausoleo de Sidi Ahmed el-Mansur, saadí que reconquistó la ciudad tras la batalla de los Tres Reyes.


Dentro de la medina hay algunos edificios de la época del protectorado como las escuelas de Sidi Mohamed Alí Marzok, y junto a esta, la escuela coránica, obras de Larrucea de los años 1929-30. Su actividad económica se basa en el turismo.

La tarde de este día, se dedicó, según lo previsto, a la visita de la



Alcazaba de Tánger, también conocida como Kasbah. Es una antigua ciudadela fortificada en lo alto de una colina en el casco antiguo de la ciudad, con vistas al Estrecho de Gibraltar. Históricamente sirvió como centro administrativo y militar, y hoy en día es un área histórica de interés con el Museo de la Kasbah y calles pintorescas.


 

Viernes, 24 de octubre de 2025, Regreso a Madrid.

Dejamos el hotel sobre las 09:30, un par de horas antes aproximadamente de la salida de nuestro vuelo IB1362 a las 12:25 con llegada prevista a Madrid, hora local, a las 14:50.

Durante el vuelo, con una duración prevista de algo más de una hora, Ideatur había preparado un pequeño refrigerio consistente en una baguette de jamón ibérico, un muffin y un botellín de agua. Directamente le dije a la azafata que pasaba del muffin. Luego, apenas le di dos bocados a la baguette, y eso sí, bebí completo el botellín de agua.

El vuelo fue muy bueno y aterrizamos en Madrid 10 minutos antes de la hora prevista. Mi hija Marisa, enterada de todos mis problemas, me había dicho que venía a buscarme.

Sin tener que esperar maleta, ya que viajaba con un trolley, tras el recorrido en tren para llegar a la T4s y los trámites del control de pasaportes, salí a la sala de recepción, donde vi las manos de mi hija saltando para señalarse; también la acompañaba mi nieta Blanca. Cuando salí y las tuve a mi lado, me abracé a ellas y me eché a llorar sin poder remediarlo. Lo mal que lo había pasado y la emoción de verme de nuevo junto a los míos me pudo.

Transcrito lo anterior, tengo que poner el punto final al viaje. ¿Qué decir? Antes que nada, que sólo por la visita a Xauen ya valió la pena, pero en general todo fue positivo, pese a algunas deficiencias achacables a la agencia de viajes y al personal que desplazó para acompañarnos, aunque en el caso de Eliah debo decir que fue correcto y educado y siempre estuvo dispuesto a ayudar.

En lo que respecta a nuestra Hermandad, tengo que reseñar, pues es de justicia, los desvelos in situ de nuestro vicepresidente Baltasar Balbuena y nuestra secretaria Elena Romero para que todo fluyera convenientemente sorteando los pequeños obstáculos que se presentaron al paso, y gracias a ellos así fue.

Por lo que a mí respecta agradecer el cariño de toda la expedición sin excepción, que no dejó de preocuparse de mí en ningún momento tras los malos ratos pasados al final del viaje, que como yo digo, fue una pequeña piedra en el camino, pues el conjunto del viaje resultó muy positivo y francamente lo pasé muy bien… y ya pensando en el próximo.

Juan José Alonso Panero

Las Rozas de Madrid, 6 de noviembre de 2025