miércoles, 16 de junio de 2021

 

DE NUEVO EN LA BRECHA


La verdad es que no sé cómo comenzar este relato y si seré capaz de sacar adelante algo inteligible, pues después de un año más que largo sin escribir, casi se me ha olvidado hasta cómo es el teclado del ordenador.

Recapitulemos. El 27 de febrero de 2020 los miembros de la Hermandad de Jubilados de los Ministerios de Comercio, Economía y Hacienda estuvimos en una preciosa excursión en Segovia, sin sospechar en lo más mínimo que dos semanas después, en concreto el 14 de marzo, las autoridades competentes (aunque la verdad el adjetivo es bastante discutible) nos confinaron a cal y canto durante tres meses durísimos. Ese fue el comienzo de una pesadilla que aún no ha terminado. El Coronavirus, concretamente el Covid 19, sigue entre nosotros, aunque ya mucho más atenuado tras la campaña de vacunas en que estamos inmersos.

En resumidas cuentas, las actividades de la Hermandad de Jubilados quedaron prácticamente suspendidas, aunque se siguió editando la revista mensual, mérito que hay que atribuir a los responsables de nuestra Asociación, con nuestro presidente Ángel S. Quesada al frente.

Por supuesto quedaron cancelados todos los viajes que habitualmente realizábamos, largos y cortos de un día, y ¡hasta el mes de junio de 2021 no hemos visto la luz!

Yendo al grano, los responsables del grupo de viajes, con la vocal Elena Romero al frente programaron nuestro primer viaje con las debidas precauciones y guardando todas las normas sanitarias en vigor, pues el Covid 19, como ya ha quedado dicho, sigue entre nosotros. Así el número de expedicionarios que íbamos a realizar esta primera excursión tras cerca de año y medio de “parada”, éramos 21 en un autobús de 55 plazas, conducido por un magnífico chofer, como quedaría demostrado a lo largo de nuestro viaje, Pepe. Entre los viajeros, además de Elena Romero, figuraban, Pilar Cerrada, Mari Carmen y su prima Laura, Juan Carmona y su mujer, Mª Victoria Almazán, mi amigo Pedro García Mamolar y quien esto escribe.

La excursión estaba prevista para dos días, miércoles y jueves 9 y 10 de junio, e íbamos a recorrer varios lugares emblemáticos de la provincia de Cuenca, con una primera parada en un conocido pueblo de Madrid.

Antes de seguir adelante, y como hago siempre, indico que las fuentes de que me he servido para la parte cultural de este relato es esencialmente la Wikipedia, así como diversos prospectos de los lugares visitados y lo relatado por los guías que tuvimos.

En cuanto a las fotos, que debido a la “falta de costumbre tras más de un año de paro” solo calificaría de correctas, están todas realizadas con un teléfono móvil Samsung Galaxy A40; eso en cuanto a las mías, pero además, inserto unas instantáneas de dos compañeros de la Hermandad, Pilar Cerrada, cuyas imágenes de la villa romana de Noheda son fantásticas y otra, mejor que la que yo realicé, de Juan Carmona en el patio del monasterio de Uclés.

Miércoles, 9-06-2021

La hora de salida desde nuestra sede en Alberto Alcocer 2 estaba prevista para las 9 de la mañana, pero las ganas eran muchas, de modo que ya a partir de las 08:30 comenzó a afluir la gente.

Nos aguardaba una gran sorpresa, aunque para quien estas líneas escribe, menos, ya que Elena me había dado previamente el “soplo”.

Presencia de Telemadrid

Efectivamente, allí estaba un cámara y un reportero de Telemadrid para grabar con destino al programa 120 minutos de la cadena, las impresiones de los viajeros ante tamaño acontecimiento, pues como tal había que calificarlo después de la inactividad forzosa de un año largo.


El periodista realizó varias entrevistas a algunos de los expedicionarios, cuyo vídeo inserto como muestra en este relato.

A las 09:10 se puso en marcha el autobús en dirección a nuestro primer destino,

Colmenar de Oreja,

a donde llegamos pasadas las 10:30. Nos dio tiempo de disfrutar de un café y dar un ligero paseo por el pueblo que se encuentra a unos 50 Km de Madrid y cuenta con cerca de 8.000 habitantes. Su casco urbano está declarado Bien de Interés Cultural.


Su Plaza Mayor, cuya edificación se inició en 1676, se constituyó en uno de los magníficos ejemplos de las típicas plazas porticadas castellanas cuando se finalizó en 1794. Aquí aprovechamos el bonito lugar para hacernos una de las fotos de grupo.


Además de la Plaza Mayor pudimos ver de pasada en su exterior la Iglesia de Santa María la Mayor. Construida por la Orden de Santiago en el segundo tercio del siglo XIII, fue ampliada durante la segunda mitad del siglo XVI. En 2008 se restauraron las pinturas y se cambió el suelo. Además, desde 2009 cuenta con un vistoso órgano construido por el organista alemán Gerhard Grenzing, donado en su totalidad por la vecina María Pérez García, quien quiso contribuir de esta forma al patrimonio de Colmenar de Oreja.

A las 11:00 entrábamos en el

Museo de Ulpiano Checa


que nos fue mostrado por un guía local. El museo contiene la más amplia colección de la Obra de Ulpiano Checa (1860-1916) nativo de Colmenar de Oreja, en gran parte pintura histórica de finales del siglo XIX, pintura orientalista y obra de género. El edificio, restaurado y ampliado, tiene su acceso por unos cuidados jardines, donde además del busto del pintor, se ubica un monumento a los elementos característicos de la ciudad: la piedra y la tinaja.



El Ayuntamiento de Colmenar de Oreja decidió convertir en 1945 la casa de “los siete patios”, que fue el hogar donde nació el pintor en un museo. En 1950 comenzaron las negociaciones con Carmen y Felipe Checa, hijos del pintor, que aceptaron hacer una donación inicial de veinte obras. El edificio fue restaurado inaugurándose como museo monográfico dedicado al pintor en 1960, año en que recibió nuevas donaciones de Carmen Checa y María Ballester. En 2006 se cerró el museo al público para iniciar una ampliación inaugurándose en 2009.

El museo, como ya he indicado, nos fue mostrado por un guía local, con el cual fuimos recorriendo las diferentes salas y admirando la obra de este pintor, que a mí me recuerda vagamente a los impresionistas.



Ulpiano Checa, que estudió en la Escuela de Artes y Oficios, en 1875 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se movió por todo el mundo, tanto Europa y África como América, fue famoso a nivel mundial, recibió numerosos premios y condecoraciones, entre estas últimas la Orden de Carlos III y la Legión de Honor francesa. En 1889 establece su residencia en París, pero sigue viajando alrededor del mundo. Tras estallar la Primera Guerra Mundial, ya enfermo, dejó París para instalarse en Bagnères de Bigorre. En poco tiempo se trasladó a la cercana localidad de Dax, donde fallece el 5 de enero de 1916. Por expreso deseo del pintor, sus restos mortales fueron trasladados a Colmenar de Oreja, donde fue sepultado el 20 del mismo mes.


Para todo aquel que esté interesado en ampliar su conocimiento sobre este pintor, cuya obra a mí en concretó me encantó, les indico la página de Wikipedia donde figura un amplio artículo sobre él

https://es.wikipedia.org/wiki/Ulpiano_Checa

Nuestra visita al museo finaliza cerca ya del mediodía, y nos dirigimos a la próxima localidad a visitar, donde llegamos a las 12:50 horas.

Uclés

Uclés es un municipio del noroeste de la provincia de Cuenca, que en 2017 contaba con 219 habitantes. Su atracción fundamental es su famoso monasterio.

Monasterio de Uclés


El edificio actual del Convento de Uclés, Cabeza de la Orden de Santiago, vino a reemplazar a un intrincado conjunto de construcciones compuesto por el castillo, la iglesia y las numerosas dependencias en las que residían los frailes de la Orden desde la lejana edad de 1174 cuando el rey Alfonso VIII donó la fortaleza a la recién creada Caballería de Santiago.


Se construye sobre parte de la antigua fortaleza árabe y todavía queda en él un lienzo de la antigua fortaleza. Durante la Guerra Civil Española fue hospital republicano y después convertido en cárcel.


La construcción del actual monasterio se inició en 1529 bajo el reinado de Carlos I, comenzando por el ala este, que es de estilo plateresco. Las trazas originales son de Enrique Egas. En el último cuarto del siglo XVI comenzó la construcción de la iglesia de estilo herreriano. Avanzado el siglo XVII continuaron las obras de las alas oeste y sur, para proseguir luego las del patio y la escalera principal. La obra finalizó en 1735, reinando Felipe V, elevándose un cuerpo la nave oriental y terminándose la portada principal, que es de estilo churrigueresco.


El monasterio fue declarado Monumento Nacional el 3 de junio de 1931. Quedó bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español. En 2003 se amplió la protección a su entorno.


Fruto del largo periodo durante el cual se ejecutaron las obras, pueden apreciarse en el monasterio cuatro estilos arquitectónicos: plateresco, herreriano, barroco y churrigueresco, lo que le convierte en un lugar ideal para realizar un repaso de historia del arte. El ala este del monasterio, de la primera mitad del siglo XVI, se ejecutó en estilo plateresco. La iglesia que ocupa el ala norte, y fue finalizada en 1602, es de estilo herreriano. EL resto del monasterio, erigido durante el siglo XVII es de estilo barroco y culmina con su fachada de estilo churrigueresco atribuida a Pedro de Ribera.


La última foto que realicé en este lugar fue a las 13:37, dirigiéndonos a continuación a Belmonte, municipio de Cuenca con 1.870 habitantes en 2020, para efectuar nuestro almuerzo y realizar en esta localidad las dos últimas visitas del día, el Castillo y la Colegiata de San Bartolomé.

Belmonte


Realizamos nuestra colación en el restaurante La Muralla. Había menú del día con tres variedades a elegir de cada plato. Como cada comensal hizo su elección, me limitaré a decir que yo pedí de primero gazpacho, bastante bueno y de segundo calamares a la americana, simplemente correctos. De postre unas buenas natillas. Agua y vino. Eran cerca de las 16:15 cuando llegamos a

El castillo



El estilo del castillo es el gótico-mudéjar del siglo XV. Su construcción se inició en 1456 con don Juan de Pacheco. Es muy probable que el arquitecto encargado de diseñar las trazas fuera Hanequin de Bruselas, que trabajó en la Colegiata, y que las continuara Juan Guas, que está confirmado que trabajó para Pacheco en el monasterio del Parral en Segovia. Además, su estilo es muy parecido al de Manzanares el Real en Madrid y al de Mombeltrán en Ávila, obras de Juan Guas.


No se sabe cuándo finalizó su construcción. Se han dado como fechas probables entre 1470 y 1474, sugiriéndose que las obras se remataron rápidamente en 1474 ante la inminencia de guerra civil.


Durante la guerra civil (1475-1480) el castillo albergó al marqués, don Diego López Pacheco, quien hubo de desplazarse desde Alarcón para evitar una sublevación. Es falsa la leyenda que dice que aquí estuviera presa Juana la Beltraneja y que se escapara por la ventana norte del oratorio. Según la relación de castillos en los que estuvo custodiada por don Diego López Pacheco, que nos dan los cronistas de la época, estuvo en Madrid, Escalona y Trujillo, pero no en Belmonte.


Por enlaces matrimoniales el castillo pasa a la casa de Montijo y, en el siglo XIX, lo heredó la condesa de Teba, Eugenia de Montijo, que se convertiría en emperatriz de Francia al casarse con Napoleón III. Ella lo mandó restaurar encargándole las obras al arquitecto Sureda, quien las realizó siguiendo los gustos de la época. Todo el exterior del patio de armas es obra suya, así como la escalera principal y todas las chimeneas de yeso. También se restauraron varias de las techumbres. Las obras duraron desde 1857 a 1870 y terminaron con la caída del imperio francés, prosiguiendo su restauración su sobrino-nieto, el duque de Peñaranda, Hernando Carlos Fitz-James Stuart y Falcó junto con el empeño del pueblo de Belmonte para conseguir su rehabilitación.



Todo lo que llevo escrito nos fue muy bien explicado en una película documental muy instructiva que visionamos antes de la visita al castillo, donde entre otros muchos lugares interesantes, pudimos ver las dependencias de Eugenia de Montijo.

Finalizamos la visita al castillo aproximadamente a las cinco y media de la tarde, dirigiéndonos a continuación a visitar la Colegiata, cuyo recorrido iniciamos ya sobre las 18:00 horas.

La Colegiata de San Bartolomé


Dispusimos en la Colegiata de un guía que nos fue explicando los pormenores de la construcción del templo, y con él fuimos recorriendo las diferentes capillas.


La construcción, gótica, es del siglo XV y se eleva sobre una anterior iglesia visigótica. Destaca la sillería del coro, del siglo XV, tallada con historias bíblicas por Enrique Egas y procedente de la catedral de Cuenca, de donde se trajeron en el siglo XVIII; es la primera sillería de coro tallada con imágenes de toda la península ibérica.



Posee un órgano del siglo XVIII utilizado todavía para algunas celebraciones y conciertos de música sacra. En la pila bautismal fue bautizado Fray Luis de León, nacido en Belmonte en 1527 ó 1528. Algunos retablos de los siglos XVI y XVII son interesantes.


La visita a la Colegiata se alargó sobremanera, pero el guía, de oratoria más bien cansina, no cejaba en su empeño de mostrarnos todo el templo con todo lujo de detalles, pese a que se le dijo que íbamos con el tiempo muy ajustado.


Finalmente, cuando iniciamos nuestro viaje hacia Tarancón, donde íbamos a pernoctar, eran casi las siete y media de la tarde.

Tarancón

Llegamos a Tarancón, a unos 80 Km de Madrid, 15.505 habitantes en 2020, a las 20:25 horas, con solo 5 minutos de margen para nuestra cena, programada a las ocho y media en el hotel.

Los recepcionistas del Hotel Ansares, que ese es el nombre del establecimiento, 4 estrellas, actúan diligentemente y nos proporcionan las llaves de nuestras habitaciones con inusitada rapidez. A mí me corresponde la habitación nº 3, situada en el piso de entrada. Todos, según me entero, estamos alojados a ras del suelo para mayor comodidad de la expedición. Este es el lugar para decir que el hotel, inaugurado en plena pandemia, agosto de 2020, es fantástico, fuera de serie, con unas habitaciones de auténtico lujo. Enhorabuena a la organización.

La cena consistió en ensalada de verduras con pimientos, tomates y atún, muy bien aliñada, riquísima; secreto ibérico con patatas fritas y de postre, una tarta de queso o kirsch con bola de helado de fresa. Agua y vino.

Jueves, 10-06-2021

Desayunamos todos sentados alrededor de la misma gran mesa que utilizamos en la cena, a las ocho de la mañana. Al abandonar el hotel, en recepción, dije que había consumido una botella de agua mineral de la nevera. Me dijeron que ¡era cortesía de la casa! Poco después de las ocho y media estaba la expedición al completo en el interior del autobús para dirigirnos al lugar que íbamos a visitar en la mañana de hoy.

Noheda

Noheda es una pedanía en el término municipal de Villar de Domingo García, provincia de Cuenca, con 12 habitantes censados en 2015. Aquí vamos a visitar la famosa Villa romana.


Cuando llegamos a la finca donde se encuentra la villa romana eran poco más de las diez de la mañana y hasta las 10:30 no comenzaban las visitas, programadas de antemano y con un pequeño número de visitantes autorizado para cada cita. Nuestra expedición, que coincidió con otros visitantes que también habían hecho sus reservas previas, realizó el recorrido en tres grupos diferentes, de modo que teniendo en cuenta que cada visita tenía una duración de unos 45 minutos, echamos toda la mañana en esta atracción, tal como estaba programado.

Villa romana de Noheda


La villa romana de Noheda es un yacimiento arqueológico localizado junto a la localidad de Noheda, en el término municipal de Villar de Domingo García. Según algunas fuentes correspondería a la población romana Urbiaca. Se encuentra en un terreno en ligera pendiente delimitado al sur por el arroyo Chillarón y más al sur se sitúan los cerros de La Muela y El Castillejo, mientras que al norte se ubica el monte de Sacedoncillo y al oeste la carretera nacional N-320.

El descubrimiento de la villa romana de Noheda se produjo en 1984 de forma fortuita. Durante la realización de labores de labranza por parte de la familia Lledó, propietaria de las tierras, quedó al descubierto un pedazo de mosaico. No obstante, no se llevó a cabo ningún tipo de exploración intensiva hasta 2005.


A instancias de su descubridor, José Luis Lledó Sandoval, se inició una primera campaña de excavación en diciembre de 2005 a cargo del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), y posteriormente se han realizado campañas sistemáticas de excavación a cargo de la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, que han permitido descubrir hasta el momento una amplia serie de habitaciones y estancias de la vivienda, además de la zona de termas de la villa.

Después de las gestiones realizadas por el gobierno autonómico de Castilla-La Mancha para la adquisición de los terrenos, se estimó que el yacimiento podría ser visitable por el público en 2015. Sin embargo, debido a los enfrentamientos entre administraciones y litigios por la titularidad de los terrenos, dicha apertura no pudo llevarse a cabo hasta julio de 2019.


El yacimiento arqueológico está compuesto por los restos inmuebles de una villa romana. En particular, se han documentado varias habitaciones de lo que sería parte del edificio suntuario del complejo rural tardo romano. La primera sala documentada tiene planta cuadrangular y presenta tres de sus lados rematados por sendas exedras, mientras que al oeste se ubica el acceso o entrada. Esta sala tricora tiene una superficie de unos 300 m2 y está pavimentada con mosaicos, mientras que el zócalo de las paredes está decorado con opus sectile y la parte superior con pintura mural.

El programa decorativo musivario descubierto consta de una escena principal figurada que representa un cortejo nupcial y varias secundarias entre las que destacan una escena báquica, además de diversos paneles con decoración geométrica y vegetal. Al noroeste de la sala tricora se ha documentado una estancia de dimensiones más reducidas y planta octogonal cuyo zócalo interior presenta restos de la decoración vegetal estucada.


En el entorno de estas salas se han documentado otras habitaciones anexas en las que se han recuperado otros restos de pinturas y estucos decorativos. Además se han registrado otro tipo de elementos estructurales y conducciones, así como numerosos elementos muebles entre los que destacan varias esculturas de mármol blanco.


La mayoría de los expedicionarios salimos realmente impresionados de la visita efectuada y dimos por bueno el tiempo que gastamos en el lugar al tener que hacer la visita en tres grupos escalonados, de manera que cuando abandonamos los yacimientos eran cerca de la una y media y nos dirigimos ya a efectuar nuestro almuerzo del día de hoy, que realizamos en el próximo pueblo de Chillarón, en el restaurante Los Ángeles. También aquí había menú del día y una considerable cantidad de opciones a elegir. Por lo que a mí respecta, pedí de primero un revuelto de morcilla, muy bueno y luego albóndigas en su salsa, plato simplemente correcto. De postre un corneto de limón. Agua y vino.

Finalizado el almuerzo nos dirigimos al siguiente punto a visitar:

Recinto arqueológico de Segóbriga


El parque arqueológico de Segóbriga es un importante yacimiento celta y romano situado en torno al llamado cerro de Cabeza de Griego en la localidad de Saelices. Bien de Interés Cultural declarado Monumento Nacional el 3 de junio de 1931.


Pese a que la ciudad se encuentra en ruinas, su estado de conservación es más que aceptable, en comparación con otros restos ubicados en la península. Su visita proporciona una idea de cómo se desarrollaba la vida cotidiana en una ciudad de la antigüedad.


Iniciamos nuestra visita a este lugar poco después de las cuatro de la tarde. En primer lugar vimos un documental muy interesante sobre el recinto arqueológico, y luego, con una estupenda guía al frente de la expedición, Alicia, nos dirigimos a efectuar un recorrido por el parque.


Aquí hay que hacer constar que a las cuatro y media de la tarde, cuando comenzamos nuestro recorrido, el sol caía a plomo y la temperatura era bastante superior a los 30 grados. Alicia nos dijo que el recorrido que íbamos a efectuar era de unos 3 Km ida y vuelta, algo que a priori y con las condiciones climatológicas reinantes nos echó a temblar a más de uno.


Durante el transcurso de nuestro recorrido, poco a poco se fueron produciendo “deserciones”; la mía tuvo lugar aproximadamente a mitad de recorrido, al llegar al teatro y anfiteatro. Le pregunté a Alicia si aún quedaba mucho y me dijo que “un poco y cuesta arriba”, de modo que no lo pensé, como el retorno se producía por el mismo lugar, me di media vuelta.

Antes que yo, ya se había producido el abandono de Mª Victoria, y a la vez que yo, lo hicieron Elena, Mari Carmen y mi amigo Pedro.


Cuando llegamos a las instalaciones del recinto, me bebí una botella de 0,5 L que me supo a gloria.

Ya con toda la expedición reagrupada, cerca de las seis de la tarde abandonamos el lugar para dirigirnos al último punto a visitar en nuestro viaje.

Quesería en Saelices

Aquí aparcó el autobús junto a la quesería y la mayoría de expedicionarios se bajó para efectuar alguna compra. Yo permanecí en el autobús.

Regreso a Madrid

A las 18:25 poníamos rumbo hacia Madrid. Con una ligera parada en Tarancón para recoger las llaves extraviadas en el hotel y felizmente encontradas de una compañera, llegamos a la capital de España a las 19:50.

Durante el viaje estuve intercambiando mensajes de Whatsapp con mis hijos Marisa y Mariano, y ambos me decían que me venían a recoger. Aunque yo les dije que cogería un taxi, insistieron, y al final, poniéndose de acuerdo entre los dos hermanos, fue mi hijo Mariano el que me recogió con su Tesla Model 3. Una media hora más tarde estaba felizmente en mi casa de Las Rozas.

¿Qué puedo decir como colofón? Pues que todos regresamos cansados pero muy satisfechos de un viaje estupendo que nos ha sabido a todos a gloria, y deseando reincidir cuanto antes. De nuevo hay que felicitar a Elena, nuestra vocal de Viajes y cabeza visible del grupo en la expedición.

Las Rozas, 15 de junio de 2021

Juan José Alonso Panero

 

 

domingo, 1 de marzo de 2020


SEGOVIA


Nueva excursión de un día con la Hermandad de Jubilados de los ministerios de Comercio, Economía y Hacienda. En esta ocasión somos 40 los viajeros; al frente de la expedición van Elena Romero, nuestra vocal de viajes, así como Jorge Baeza y su esposa Pilar. Somos de la partida mi amigo Pedro y quien suscribe estas líneas, así como otros compañeros como Gonzalo Ávila, su esposa Kitty Liceranzu, Nicolás López, Pilar Cerrada, Carmina, Merche, Ramiro, Juan Carmona y su esposa Victoria Almazán, y otros muchos también habituales de nuestros viajes y de los que siento no recordar su nombre.

Salimos de nuestra sede en Madrid en Alberto Alcocer 2 a las 09:30 con un retraso de 15 minutos que apenas afectó a la programación del viaje, ya que nuestro punto de destino se encuentra muy cerca de Madrid. Vamos a Segovia y tenemos que recorrer algo menos de 100 Km que hacemos por la A-6.


Como siempre, dos precisiones: las fotos de este reportaje están todas tomadas con un teléfono móvil Samsung Galaxy A40, y en cuanto a la parte cultural, me he basado en una estupenda guía de Anaya Touring, “Un corto viaje a Segovia”, la Wikipedia y en lo que nos contó la estupenda guía que tuvimos, María. Aquí, y antes de seguir adelante, tengo que decir que la expedición dispuso de dos guías, Alcázar y María y el grupo se dividió más o menos equitativamente en dos partes. Mi parte, llevaba al frente a María, que como ya he dicho hizo un trabajo perfecto, sin faltarle una coma ni sobrarle un punto. Enhorabuena a Elena, Jorge y Pilar, los responsables de la organización.



Ahora, unas palabras sobre Segovia, capital que cuenta en la actualidad con 53.000 habitantes. Se encuentra a 97 Km de Madrid, situada en la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, al pie de la sierra del Guadarrama. La ciudad vieja y el acueducto de Segovia fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985; el acueducto es considerado la obra de ingeniería civil romana más importante de España, y es uno de los monumentos más significativos y mejor conservados de la Antigua Roma en la península ibérica.

Antes de iniciar nuestro recorrido por la ciudad, nos reunimos todos en un hotel-restaurante donde pudimos reponer fuerzas con cafés e infusiones y donde contactamos con nuestras guías. El tiempo climatológico es magnífico; luce un soberbio sol y la temperatura es de unos 12º.

Trataré de relatar de forma cronológica los lugares y monumentos que visitamos en nuestro día en Segovia. Comenzamos nuestro periplo en un lugar que prácticamente ninguno de los expedicionarios conocíamos pese a ser realmente maravilloso, el

Monasterio de San Antonio el Real




El edificio fue palacio de verano del rey Enrique IV, quien lo fundó en 1455 sobre otro palacio anterior al que corresponde la capilla mayor, los coros y la nave de la iglesia. Hacia 1485 fue cedido por los Reyes Católicos a la Orden Franciscana, momento desde el cual empieza a funcionar como monasterio. Al trasladarse los franciscanos queda en manos de una pequeña congregación de monjas clarisas, quienes aún lo habitan en régimen de clausura y gestionan en la actualidad las visitas al monumento.




Uno de los primeros espacios que visitamos fue el claustro, que cuenta en sus corredores con una increíble serie de originarios artesonados mudéjares. El lugar, húmedo y frío, cobra vida cuando se abren las pesadas ventanas que dan al antiguo jardín real y desde donde se pueden observar tanto la pequeña fuente, rodeada de verdor, como la galería superior que guarda en absoluto silencio el secreto de las hermanas de Santa Clara.





En la iglesia, cuya portada de estilo gótico isabelino preside una plazuela rectangular con los blasones de Enrique IV, también se esconden importantes riquezas. La capilla mayor está cubierta con un asombroso artesonado del siglo XIV, cuya variada y complicada decoración enlaza con un friso de yeserías igualmente cuidado. En el muro de la epístola figura un calvario flamenco que data del siglo XV y que está cuajado de un ejército de figurillas policromadas que parecen pelear en busca de espacio. El calvario es realmente portentoso y lamento no poder incluir una fotografía del mismo, que sí realicé, pero que debido al cristal que lo recubre, tiene numerosos reflejos que desvirtúan la imagen.


En las salas llamadas del rey y de la reina aparecen, además de esos maravillosos artesonados a los que ya casi nos hemos acostumbrado en este palacio, interesantes cuadros, esculturas y algunos trípticos flamencos del siglo XV.

El Acueducto


Cuando salimos del monasterio nos dirigimos abrazando los comienzos del Acueducto hacia el centro de la plaza desde donde se vislumbra en toda su grandiosidad el mayor monumento de Segovia. Nuestro recorrido a la par de los cimientos urbanos primarios del monumento resulta fascinante, ya que, al menos quien escribe estas líneas, jamás antes había visto esta parte de la insigne obra; siempre había disfrutado de la vista grandiosa que se contempla en el centro de la construcción, en el Azoguejo.


Este puente romano nos contempla rotundo desde sus 2.000 años de historia; su sola visión impresiona. Para captar enteramente su volumen y dimensiones, debemos desplazarnos buscando diversas perspectivas.


El Acueducto fue, probablemente, construido en tiempos de Augusto para traer el agua desde el puerto de la Fuenfría a una ciudad que se convertía en centro de una importante zona agrícola. Su arquitecto, cuyo nombre figuraba, según antiguos cronistas, en la inscripción que hoy apenas se adivina, consiguió armar los 44 arcos del cuerpo inferior y los 119 del superior sin utilizar ningún tipo de argamasa. Solo el equilibrio entre sus fuerzas lo han mantenido en pie hasta hoy.


Desde su nacimiento urbano, en una pequeña casa de aguas, hasta lo alto del Postigo, distan 728 m, que han de sumarse a su trayecto de más de 15 Km desde el nacimiento en el río Acebeda. En la plaza de Díaz Sanz un brusco giro lo dirige hacia la parte más monumental, sobre el Azoguejo, donde alcanza su mayor altura, con casi 30 m. En esta zona, entre los tres arcos centrales, se encuentra el frontis de la desaparecida firma que alberga en dos hornacinas las imágenes de la Virgen y San Sebastián, que sustituyeron en 1520 a sendas estatuas mitológicas. El Acueducto es el mayor símbolo de Segovia y como tal figura en su escudo.

La calle Real y su entorno




Continuamos nuestro paseo en suave ascendencia hacia la conocida calle Real, bordeada de interesantes edificios. Esta calle es la de más actividad, bullicio y colorido durante el día. Aunque su recorrido hasta la Plaza Mayor recibe tres nombres, respectivamente: Cervantes, Juan Bravo e Isabel la Católica, es el de Calle Real el único usado por los segovianos, tal como nos indicó nuestra guía María. Por ella pasan las procesiones, las cabalgatas y las charangas; a su lado se celebra el tradicional mercado de ganado de los jueves y, cada tarde de domingo, su empedrado es pisoteado impenitentemente por miles de personas que la pasean de arriba abajo y de abajo a arriba.


A media subida, el pretil de la escalinata de la Canaleja sirve de mirador para comprobar la cercanía de la sierra.

La Casa de los Picos


Un poco más adelante es fácil distinguir la Casa de los Picos, hoy sede de la Escuela de Artes y Oficios. Su nombre se debe al bonito y original adorno de la fachada, realizado sobre granito en forma de punta de diamante.

San Martin



Poco más adelante llegamos a la Plaza de Medina del Campo, conjunto arquitectónico de gran belleza, con la escalera empedrada, la fuente, la estatua de Juan Bravo y sobre todo el magnífico caserío que le da forma, presidido por la iglesia de San Martín, que hacen de ella un entrañable rincón urbano lleno de encanto que los segovianos saben aprovechar como lugar de encuentro y los visitantes como un agradable descanso que se llena de sol en los días despejados.


La plaza es conocida entre sus paisanos como la de San Martín por la iglesia que la encabeza; de Juan Bravo por la estatua realizada por el escultor Aniceto Marinas en honor del valeroso comunero, muy querido por los segovianos; y de las Sirenas al confundir con ninfas marinas las dos esfinges situadas al pie de la escalinata.

Iglesia de San Martín


El edificio que realza la singular belleza de la plaza es sin duda la iglesia de San Martín, un templo románico del siglo XII, levantado sobre otro mozárabe, de planta cuadrada, 200 años más antiguo. Este templo, de tres naves, cuenta con igual número de galerías porticadas. En su portada muestra cuatro columnas-estatuas adornadas con las figuras de profetas que recuerdan a las cariátides griegas aunque, eso sí, más hieráticas e inexpresivas.
Continuamos nuestro paseo y llegamos a

La Judería






Aquí podemos admirar entre las callejas que lo adornan, varios edificios singulares, siendo quizás el más significativo, la iglesia de Corpus Christi perteneciente a un convento de monjas clarisas. El templo, dedicado al culto cristiano, fue construido en el siglo XIII como sinagoga judía y convertido a la religión preponderante tras la expulsión de los hebreos en 1492, aunque en su interior los arcos de herradura, las celosías de madera y las paredes encaladas rinden el homenaje del recuerdo a su auténtico origen. Esta iglesia y, más aún, la estrecha callejuela que parte hacia la izquierda, llamada de la Judería Vieja, anuncian el comienzo del barrio judío, alhama o Judería. Una zona que disfrutó de gran actividad dentro de la ciudad, en la que habitaba un gran número de hebreos dedicados al comercio y a otros oficios hasta que, como es sabido, fueron obligados a abandonarla. Todavía hoy conserva parte del sabor que debió de tener, repartido entre sus angostas calles.


Continuamos nuestro paseo imbuidos en las explicaciones que nos proporciona María, y así desembocamos en la

Plaza Mayor


Es sin lugar a dudas el centro vital de la ciudad. Además de reunir algunos de los edificios administrativos más importantes, en las calles aledañas proliferan bares, mesones y pubs, que son la cita ineludible durante la noche tanto para los segovianos como para los turistas.


Entrando en la plaza por la Calle Real vemos enfrente el Ayuntamiento, salvando este breve obstáculo que aparece y desaparece con el tiempo que es el templete de música, o como dicen muchos segovianos, el quiosco. El edificio consistorial, cuyo interior ha sido completamente rehabilitado a excepción de la llamada planta noble, está presidido por dos torreones y el reloj, siendo ejemplo de la arquitectura del siglo XVII.


Por cierto, hoy, junto a la bandera nacional, la de la UE y la segoviana, luce una enseña de un país árabe que ninguno sabemos identificar y cuyas razones para estar en ese lugar no alcanzamos a dilucidar; María apunta como una posibilidad un “hermanamiento” con el país en cuestión o ciudad tal vez hermanada con Segovia.


Con posterioridad a lo escrito por mí, en concreto el lunes 9 de marzo, mi buen amigo Eduardo Cabañas, que tiene la mala costumbre de leerme y aportar siempre su valioso granito de arena en lo que respecta a correcciones, me dice que la bandera pertenece a la República Árabe Saharaui Democrática, antigua provincia española. Gracias pues a Eduardo, que en su modestia es un sabio.


A su derecha se encuentra el Teatro Juan Bravo, inaugurado hace más de 100 años, concretamente en 1918, que en la actualidad es el único en activo tras una restauración que le sacó de un largo periodo de abandono, salvando un importante apartado de la vida cultural segoviana. Hoy, el Juan Bravo centra su programación en el teatro, la danza y la música.

La Catedral


Es uno de los grandes templos góticos construidos en España. La parte que asoma a la Plaza Mayor corresponde a su ábside, adornado de pináculos y arbotantes que conforman una marejada de piedra.


Juan Gil de Hontañón fue el encargado de la obra, pero a su muerte la dejó en manos del que había trabajado como aparejador, García de Cubillas. Un hijo de Gil de Hontañón, Rodrigo, cuarenta años después, se haría cargo de los trabajos, adoptando el sistema gótico de capillas radiales, propio de los templos medievales.


Es la última catedral gótica que se construyó en España. Está considerada como la obra maestra del gótico vasco-castellano y se la conoce como “La Dama de las Catedrales”. Se trata de la tercera catedral de la ciudad, y conserva el claustro de la segunda, ubicada frente al alcázar y destruida durante la Guerra de las Comunidades en 1520. En sus obras, como ya se ha dicho, trabajaron Juan y Rodrigo Gil de Hontañón, y otros maestros de la arquitectura española. Fue consagrada en 1768 y tiene unas dimensiones de 105 metros de largo, 50 de ancho y 33 de altura en la nave central; su torre alcanza los 90 metros. Consta de 18 capillas y dispone de tres puertas de acceso; la del Perdón, la de San Frutos y la de San Goroteo, primer obispo de la diócesis.


Aquí, frente a la catedral, en la Plaza Mayor, se despide de nosotros María con la felicitación unánime de todos por su excelente trabajo. Son las 14:00 horas y nuestro almuerzo está previsto a las 14:30, de modo que Pedro y yo nos damos un paseo por las calles adyacentes a la catedral y poco antes de las 14:30 estábamos en el restaurante que nos iba a cobijar: El Bernardino.

Nuestro almuerzo


Cuando entramos en el local, ya estaba sentado allí Gonzalo, en una mesa redonda para ocho comensales y nos había reservado sitio para Kitty, Nicolás, Pedro y yo. Ocupaban otros dos sitios Ramiro y un compañero del que siento no saber el nombre. El lugar que quedaba libre al lado de Pedro, nos hizo el honor de ocuparlo Elena.

El almuerzo, que resultó fantástico, regado con un buen Ribera del Duero y agua mineral a discreción, se compuso de una rica y contundente sopa castellana para abrir boca, y luego el consabido cochinillo, debidamente troceado con el clásico plato que luego se estrella contra el suelo; acompañaba al cochinillo como guarnición una ensalada. De postre un plato de helado con un pastelillo. Café e infusiones. Una comida realmente soberbia.


Este es el lugar para decir que los ex funcionarios de la Secretaría de Estado de Comercio, Elena, Kitty, Gonzalo, Nicolás y quien suscribe, pidieron humildemente perdón a Pedro, Ramiro y el otro compañero por las numerosas anécdotas y chascarrillos que contamos de nuestros años en activo. Obtuvimos el ansiado perdón.

A los postres nos llegó una sorpresa, algo inesperado. Hizo entrada en la zona que ocupábamos los miembros de la Hermandad una especie de ¿rapsoda? (la verdad es que no sé muy bien cómo calificarlo), que vestía una chilaba a rayas, y al que en un principio nadie supo muy bien qué cometido se traía entre manos.

El rapsoda, llamémosle así, dijo ser pariente de “nuestro” Jorge Baeza, y nos deleitó con una serie de historias que nos ayudaron a digerir la abundante comida. Finalmente se quedó en compañía de Jorge y Pilar, mientras el resto de comensales nos levantábamos bien pasadas las cuatro de la tarde y nos dirigíamos al autobús para realizar nuestra última visita antes de retornar a Madrid.

El Alcázar

Nos dejó el autobús próximo a un prado desde el que se podía admirar muy bien la inconfundible estampa del Alcázar segoviano.


El Alcázar de Segovia, palacio real situado en lo alto de una roca entre los ríos Eresma y Clamores, aparece documentado por primera vez en 1122, aunque es posible que existiese en época anterior. Fue una de las residencias favoritas de los reyes de Castilla, construido en la transición del románico al gótico, y en el que destaca la decoración mudéjar de sus amplios salones. El edificio se articula a través de dos patios y posee dos torres, la del Homenaje y la de Juan II. Fue residencia favorita de Alfonso X el Sabio y de Enrique IV, y de él partió Isabel la Católica para ser proclamada reina de Castilla en la Plaza Mayor. Devastado por un incendio en 1862, fue posteriormente reconstruido. Alberga en la actualidad el Archivo General Militar de Segovia y el museo del Real Colegio de Artillería, gestionado por el Patronato del Alcázar.

Santuario de la Virgen de la Fuencisla


A pocos metros del prado desde el que admiramos el Alcázar, se encuentra el santuario de la patrona de la Comunidad y de la ciudad de Segovia. Fue construido entre los años 1598 y 1613 por Francisco de Mora al haberse quedado pequeña la ampliación renacentista de la primitiva ermita medieval allí existente. Posee un retablo de Pedro de la Torre en el Altar Mayor así como una notable reja barroca cerrando el presbiterio y donada por el gremio de pañeros. Fue visitado por San Juan Pablo II en 1982.



Regreso

Tras una corta visita al santuario, subimos de nuevo al autobús, recogimos en el centro de Segovia a Jorge y Pilar, así como a otro matrimonio que también se había quedado en el restaurante, y emprendimos nuestro regreso a Madrid a las 17:45.

Tras un ligero atasco a la entrada en la A-6 a la altura de Las Rozas, arribamos a nuestra sede de Alberto Alcocer poco después de las siete de la tarde. Tras el correspondiente tránsito por el Metro y el Cercanías en Príncipe Pío, llego a mi casa de Las Rozas sobre las 20:00 horas.

Para finalizar este relato, me gustaría decir que todas las excursiones de la Hermandad suelen ser un éxito, pero en esta ocasión, creo que hemos puesto el listón muy alto. Todo resultó perfecto. De nuevo, mi enhorabuena a Elena, Jorge y Pilar. Poco más podría añadir.

Las rozas de Madrid, 1 de marzo de 2020

Juan José Alonso Panero