miércoles, 8 de enero de 2014


NAVIDAD EN TENERIFE

 


Todos los años, al acercarse las fechas navideñas, mi amiga Celia, siempre me sugería la posibilidad de pasar esos días tan familiares con mis hermanos, en Tenerife. Por unas causas o por otras (pereza a la hora de efectuar el viaje, indecisión…), siempre había desistido de hacerle caso. En esta ocasión, me dije que era el momento.

Una vez decidido, quedaba por concretar las fechas, a fin de rentabilizar al máximo los pocos días de vacaciones que me quedaban tras el esquilme efectuado por el innombrable ministro de Hacienda y Administraciones Públicas y su secuaz secretario de estado.

 
El paso siguiente fue ponerme en contacto con uno de mis dos ángeles de la guarda para todo lo relativo a cuestiones informáticas: mi hermano Paulino (el otro ángel es mi hijo Mariano).

Dado que hoy en día todo se efectúa a través del ordenador, se trataba de hacerme con un billete de avión para Tenerife. Aunque me manejo relativamente bien en este campo, a nivel de usuario, todo lo relacionado con Internet es ya otra cosa.

Paulino actuó como siempre: eficaz y rápidamente. Conectados a través de la línea telefónica fuimos explorando todas las posibilidades. Al final, lo más conveniente, tanto por horario como, sobre todo, por precio, era efectuar el viaje en RYANAIR.

Acostumbrado a mis cómodos viajes de trabajo a Bruselas en BRUSSELS, las restricciones impuestas por RYANAIR parecían, en un primer momento, una auténtica tortura. No obstante, y antes de que se me olvide, quiero dejar constancia que todo el personal de la compañía fue siempre amabilísimo, y tanto el trayecto de ida como el de vuelta se desarrollaron con una puntualidad cercana a la perfección. En el de regreso a Madrid, al adelantarnos al horario de aterrizaje previsto, sonó la “trompetilla”. Los usuarios de la compañía saben bien a lo que me refiero.

Por último, y en lo relativo a este apartado, no quiero dejar de mencionar que nunca le agradeceré suficientemente a la güera (frecuente usuaria de RYANAIR), su recomendación de gastarme 14 euros adicionales y disfrutar de la modalidad de “prioridad”. Ello me supuso, entre otras ventajas, el no tener que hacer, para el embarque, la cola de pie. Gracias, Celia.

Lunes 23 de diciembre de 2013, el viaje
 
El lunes 23 por la mañana fui al ministerio, regresé a casa después de comer, y en la tarde, con mi trolley a cuestas, me dirigí al aeropuerto de Barajas, terminal 1. Lo hice desde la puerta de casa, primero en autobús, y luego en Metro hasta la misma terminal. Recordando tiempos pretéritos, pensaba que los habitantes de Madrid, nunca valoramos en lo que vale el disponer de uno de los transportes públicos mejores del mundo.

A las 23:30 hora canaria (para mí, que venía de la España peninsular, una hora más) aterricé en el aeropuerto de Tenerife Sur. Habría preferido, por una cuestión sentimental, el de Los Rodeos, tan cercano en mi imaginación a mi idílica infancia y primera juventud tinerfeña, pero las combinaciones horarias mandaban.
 
Me esperaban mi hermano Paulino y mi cuñada Eva, y con ellos efectué el trayecto, unos 50 kilómetros, hasta su casa, donde gracias a su hospitalidad, me iba a hospedar las 5 noches que pasaría en la isla.

 
Las fotografías

Las restricciones impuestas en el equipaje al viajar en RYANAIR, conllevaban un terrible castigo. No podía llevar las dos cámaras profesionales que utilizo habitualmente en los últimos años, la Leica M9-P digital y la Contax G2 analógica. De modo que me tuve que conformar con la pequeña (ocupa lo que un paquete de tabaco) Contax U4R digital, que pese a sus carencias, realiza unas magníficas fotografías a través de su objetivo Zeiss.

 
Así pues, todas las fotos (excepción hecha de las antiguas que incluyo en este relato y las realizadas por mi hermana Charo con su móvil) están tomadas con esta cámara. Lo que más me “duele” (posiblemente otra de mis muchas manías) es que las imágenes no están plasmadas en 24x36, es decir el clásico tamaño del negativo de 35mm de toda la vida, y que hoy en día, en las digitales, se denomina “full format” y que sí tiene la Leica M9-P.


Martes 24 de diciembre de 2013

En la mañana de este día, Eva y Paulino me prepararon una bonita excursión. Querían que en esta ocasión, visitara lugares que, se suponía, jamás había visto con anterioridad.

Como saben bien quienes me conocen, viví mis primeros 15 años en Santa Cruz de Tenerife, durante mucho tiempo seguí pasando los veranos en la isla, e incluso, tras haber ganado mis oposiciones como funcionario del estado, estuve allí destinado en 1972. Luego, aún en vida de mis padres, visité muchas veces esta tierra en unión de mi esposa y mis hijos. Pero hacía ya seis años largos (la vez anterior fue en septiembre de 2006) que no ponía los pies en Canarias.

Pues bien, pese a mi cercanía a esta maravillosa isla, había aún lugares que desconocía, y a ellos me iban a acercar Eva y Paulino.

Arafo, Güímar, Arico el Nuevo y el Porís de Abona

Subimos en el Renault descapotable de mi hermano, y tras la tormentosa salida del garaje (ángulo de 90 grados), nos dirigimos, por la autovía del sur, hacia nuestro destino.

 
El primer punto en el que paramos, fue Arafo. Sinceramente, no recuerdo haber estado nunca en este precioso pueblo. Arafo siempre estaba unido en mi pensamiento, a una de mis amigas de adolescencia, María José, que, aunque siempre la relacioné con Santa Cruz, y por supuesto el Puerto de la Cruz con su preciosa casa entre plataneras, ella hablaba mucho de Arafo, de donde creo recordar que era su padre, y a donde iba alguna que otra vez.

 
Claro que, quien no haya vivido con conciencia los años 50 y 60 del pasado siglo, no puede hacerse una idea de lo que en esos tiempos suponía desplazarse por las carreteras del sur de la isla. A título de ejemplo, el ir desde Santa Cruz a Candelaria, distante unos 20 kilómetros, era casi una aventura…

 
 
Tras pasear por las bonitas calles de Arafo, nos detuvimos en Güímar, renombrado enclave en el sur de la isla. Luego, nos dirigimos hacia Arico el Nuevo. El lugar, muy bonito y de casas blancas, parecía un pueblo fantasma. Recorrimos sus silenciosas calles donde seguí tomando fotos para guardar en el recuerdo.

 
 
La excursión la terminamos junto al mar, en el Porís de Abona. Mi hermano Paulino, enamorado de su faro, quería disfrutar de la magnífica vista que nos ofrecía un pequeño bar situado junto al mar. Aquí, en una mañana de Nochebuena atípica para mí, en mangas de camisa, como puede apreciarse en las fotografías, almorzamos unas raciones de comida estupendas, incluyendo unos fantásticos langostinos.

 
Para bajar la abundante ingesta, dimos un paseo por el pueblo, disfrutando de la maravillosa visión del cercano mar, y, en lo que a mí respecta, absorbiendo con fruición el marino olor que traía a mi memoria recuerdos infantiles.

 
La Nochebuena

Como siempre, desde hacía ya muchos años, mis hermanos solían celebrar la Nochebuena en la casa de Eva y Paulino. En esta ocasión me unía yo a la fiesta. Mientras esperábamos la llegada de nuestras hermanas, traté de recordar la última vez que había pasado la Nochebuena en Tenerife. Hice memoria y puse una fecha: 1974 en la casa de mis padres, calle del Castillo. Mariano tenía un año y Eloísa estaba embarazada de Marisa.

Un recuerdo al pasado

 
En un día tan especial como la Nochebuena, me vienen a la memoria aquellos tiempos pasados de mi infancia, en que las rondallas típicas canarias, con guitarras, mandolinas, timples y panderetas, tocaban y cantaban maravillosamente por fuera de la casa de mis padres, en Santa Cruz, un villancico único, autóctono, “Lo Divino”. Al recordarlo se me eriza la piel. Esos momentos, esas cálidas noches canarias de vísperas de Navidad, jamás se me olvidarán. Desde una pequeña terraza, antesala de la puerta de entrada de nuestra casa, recuerdo escuchar con auténtica veneración el canto de la rondalla, que en una calle absolutamente vacía de coches, elevaba sus cantos al tibio cielo tinerfeño.
 
 

La cena

Llegaron mis hermanas a la hora prevista, algo que antaño se podía considerar como inusitado, pero que en los últimos tiempos parece que es más habitual. Charo venía acompañada de su marido Javier. A Marisa, viuda desde hacía unos meses tras el fallecimiento de mi cuñado Quang, fue a recogerla Eva. Con Paulino hijo éramos siete a la mesa.

Independientemente de los regalos que aportó Papá Noel, mi hermana Marisa me traía con el mayor cariño, para engrosar mi colección, la cámara réflex Canon FX que había pertenecido a su marido.

 
Es difícil describir las viandas que adornaron la maravillosa cena,  un surtido de quesos soberbio, jamón ibérico, chorizo, cecina, lomo, un tartar de salmón que aportaba Marisa, y de remate un conejo al salmorejo guisado por mi cuñada Eva. Además, no me puedo olvidar de las papas “arrugás” que con el mayor amor había cocinado Paulino, exquisitas. La fantástica cena la regamos con tres botellas de rioja y otras tres de champán, y digo champán, porque, por supuesto, era francés. Terminado que hubimos las botellas del vecino país, dimos cuenta de otras dos de cava valenciano.

 
Tras la correspondiente entrega de regalos para todos, comenzamos un fin de fiesta en el que mi hermano y yo acabamos tocando, él la gaita (nunca le había visto hacerlo hasta ese día) y yo la guitarra.


Cuando nos fuimos a la cama, eran las seis de la mañana. Casi, casi, ni de joven me había acostado nunca a esa hora. Fue una maravillosa velada de la que todos disfrutamos en igual medida. Yo, hacía mucho tiempo que no lo pasaba tan bien.

 
Miércoles, 25 de diciembre de 2013

 
La mañana de este día fue de absoluto reposo para tratar de reponernos, hasta donde fuera posible, de los excesos realizados la noche anterior.

La comida de Navidad en La Laguna

 
Eva, Paulino, Marisa y yo subimos en coche a La Laguna para reunirnos allí con Charo y Javier. La comida de Navidad la realizamos en el casino de la ciudad, que tras los excesos de la noche de ayer, fue bastante comedida.

 
Tras el almuerzo, dimos un paseo muy agradable por esta maravillosa ciudad, patrimonio de la humanidad.

 
Para mí, La Laguna es muy especial. Algún día trataré de plasmar en letra impresa lo que supuso en mi vida. Me es muy difícil describir aquellos veranos laguneros con bicicleta en los años de adolescencia. Tal vez en algún momento de inspiración logre aproximarme a lo que siento y no sé dibujar. Como adelanto, me atrevo a incluir aquí dos fotos de época del chalé que mis padres poseyeron en la ciudad de Aguere.
 
 


 
Paseamos por la calle de la Carrera, hoy en día peatonal, al igual que la de Herradores y la de San Agustín. Visitamos la sobria y maravillosa iglesia de la Concepción, y tras pasar por la plaza de la Junta Suprema, bajamos por la calle de San Agustín, donde nos detuvimos en la casa Salazar, el palacio episcopal. Cada rincón lagunero me traía recuerdos sin límite.

 
 
Terminamos el recorrido en la casa de Charo y Javier, un pequeño museo imposible de describir. Mi cuñado Javier, sabiendo de mi afición por las cámaras antiguas, aportó dos a mi colección, una Olympus Pen y una Agfa Box.

 

Jueves, 26 de diciembre de 2013

Este día teníamos prevista una gran excursión, prácticamente una vuelta a la isla. Cuando regresamos a Santa Cruz, habíamos hecho 240 kilómetros.
 

 
San Juan de la Rambla

 
 
Los excursionistas, Eva, Paulino, Marisa y yo, nos situamos en el descapotable de mis hermanos, e iniciamos un recorrido con parada inicial en el pueblo de San Juan de la Rambla, primero en lo que se denomina Las Aguas, y luego en el propio pueblo en sí. Debo confesar que jamás, que yo recuerde, había estado en este precioso lugar.
 
 
 
 
Garachico

 
Sí, por el contrario había visitado en bastantes ocasiones el pintoresco pueblo de Garachico, con su peñón como estandarte. El mar seguía embravecido, hasta tal punto, que se había cortado el acceso próximo al paseo que bordea el puerto. Tuvimos que contentarnos con disfrutar de la panorámica lejana, pero muy bella, de este bonito lugar.
 
Buenavista

 
Seguimos nuestra excursión hacia Buenavista. Tampoco nunca, pese a los años vividos en la isla, había estado en este pueblecito, donde adquirimos unos rosquetes renombrados en la zona.

Teno Alto

 
Indescriptible subida por una carretera de montaña, entre brumas, a este sitio. Aunque por supuesto, para mí no era ningún descubrimiento, la climatología de este paraje, en comparación con otros emplazamientos de la isla, venía a corroborar sin duda alguna lo que tantas veces se ha dicho sobre la isla de Tenerife: un continente en miniatura.

 
Aporto unas pocas fotos que pueden dar una pequeña idea de lo que escribo. Fantástica la de las gallinas en libertad, o esa, casi onírica, del mago con su rebaño de cabras, perdiéndose entre la niebla.

 
Aquí, en una típica venta, comimos carne de cabrito y unos quesillos (flan) de postre sabrosísimos.

Santiago del Teide
 
Descendimos en dirección a Santiago del Teide. A medida que bajábamos por la carretera, la bruma iba dejando paso al sol. El Teide, nevado en su cumbre, se nos mostraba majestuoso por el lado menos conocido.

 
Cuando llegamos al pueblo, repusimos fuerzas con un té en un bar, donde realizamos la consabida “parada técnica”.

 
El fin de fiesta fue una sorpresa. La que tuvimos al visitar la iglesia, donde pudimos disfrutar de unos bellos villancicos interpretados por una maravillosa soprano, tal vez belga flamenca, ya que cantaba en francés con un ligero acento.

 
Viernes, 27 de diciembre de 2013

La mañana fue de absoluto reposo, únicamente roto por una salida al supermercado, donde Paulino y yo adquirimos un pulpo de unos 4 kilos, si mal no recuerdo, y que mi cuñada Eva, cocinó “a feira”. Sensacional.

Por la tarde/noche, Paulino nos llevó en coche a La Laguna a Marisa y a mí. Allí habíamos quedado con Charo y Javier. Se trataba de mi despedida, puesto que al día siguiente regresaba a Madrid.

 
Nos apeamos del coche en la plaza del Adelantado, y desde allí nos dirigimos paseando hacia el Bar Carrera. Cuando llegamos, a través de la cristalera que daba a la acera, mi sorpresa es mayúscula. En la mesa pegada al cristal, desde la que se divisaba a los paseantes, pero también era el centro de atención de éstos, vislumbro a dos de mis amigos de la infancia/juventud. Carlos Pérez Hamilton y Carlos Hafner, este último, acompañado de su hermano Eddy, al que hacía décadas que no veía.

 
Marisa y yo entramos en el bar y me dirigí a la mesa de “los Carlos…”. Si grande fue mi sorpresa al descubrirlos a ellos, mayor aún fue la que ellos tuvieron. Nos dimos fuertes y sentidos abrazos y estuvimos charlando de tiempos pretéritos hasta que llegaron Charo y Javier.

Pasadas las nueve de la noche me despedí de mis hermanas y de mi cuñado. Marisa se quedaba en casa de Charo y Javier, como al parecer solía hacer los viernes. Regresé a Santa Cruz en un taxi.

 
Sábado, 28 de diciembre de 2013

En la mañana de mi último día en la isla, fuimos a desayunar al borde del mar, en Candelaria, chocolate con churros. Aquí, en este bonito pueblo, compré unos pequeños recuerdos para la familia y los amigos.

Luego, dimos un paseo por sus calles con sabor a otros tiempos, y nos acercamos hasta la basílica donde reposan los restos del que fue obispo de la diócesis nivariense, el muy querido don Domingo Pérez Cáceres, fallecido en el verano de 1961, y del que recuerdo su multitudinario entierro, desde la catedral de La Laguna.

Despedida y regreso a Madrid

Comimos pronto en casa de mis hermanos, sobre la una y media. Dimos cuenta de lo que aún quedaba del soberbio pulpo, así como de chacina y quesos… El prodigioso clima canario nos permitió que el almuerzo tuviera lugar en el jardín, donde teníamos la compañía de Dexter, 18 años, que el pobre, en consonancia con su edad, anda ya muy mal de casi todos los sentidos, vista, oído e incluso olfato…

Eva y Paulino me acercaron al aeropuerto del sur, y allí nos despedimos hasta la próxima ocasión…

El vuelo de RYANAIR despegó a su hora, y como ya he dicho al principio de este relato, aterrizó en Madrid con adelanto a la hora prevista, dando lugar a que sonara la “trompetilla”.

Aquí, en Madrid, me esperaba mi hija Marisa. Juntos regresamos a Las Rozas. Durante el trayecto, le fui contando todos los detalles de mi estancia canaria y lo bien que lo había pasado.

¿Volveré a repetir una Navidad canaria?


Juan José Alonso Panero

Las Rozas de Madrid, 6 de enero de 2014, día de Reyes.

sábado, 7 de diciembre de 2013



REGALO DE CUMPLEAÑOS

El mudéjar castellano leonés



Siempre me resulta difícil comenzar un relato; no es la primera vez que escribo unas líneas similares, y en esta ocasión no iba a ser diferente, aunque sí debo decir que el motivo sí que es completamente distinto a todos mis viajes anteriores.

El 16 de julio, “como siempre”, cumplí años, y en esta ocasión, mis amigas Celia y Soco me sorprendieron (siempre lo hacen) con un regalo diferente. Junto a una preciosa cartulina gigante del Real Madrid y unas letras manuscritas, venía el obsequio propiamente dicho, la reseña de un viaje guiado denominado “Ruta del Mudéjar Castellanoleonés”, que tendría lugar el sábado 16 de noviembre y que organizaba ARTEGUIAS
Transcurrieron los días, las semanas y hasta los meses, y por fin llegó el gran día.
Las fotografías
Para los curiosos, todas las fotos que adornan esta historia, están tomadas con una Leica M9-P y dos objetivos, Summicron 50mm f/2.0 y Super Elmar 21mm f/3.4.
Sábado, 16 de noviembre de 2013, Plaza de Cristo Rey
La del alba sería… y no exagero nada, cuando salté de la cama, ya que la hora prevista de partida era las 08:30 en la plaza de Cristo Rey. Tenía que coger un autobús desde casa, en Las Rozas, hasta Moncloa, y desde allí, un paseo andando de unos diez minutos, que por cierto, hice entre basuras… ya que la huelga de limpieza de la capital de España aún no se había resuelto en aquellas fechas.
En el lugar previsto, con el autobús ya esperándonos, fuimos llegando los excursionistas. Como neófito en estas lides, saludé en primer lugar a José Manuel, encargado de la organización del viaje, y poco después a David de la Garma, que iba a ser nuestro “profesor”, experto en la materia que íbamos a “degustar” y autor de varios libros sobre el arte románico en Castilla y León, así como a Esther. Los tres sabían que mi incorporación al grupo era consecuencia del regalo que me habían hecho dos amigas.
El autobús se fue llenando, yo ocupaba la plaza 9, y solo quedaba libre el asiento de mi diestra, de los 60 que disponía el coche. Allí se sentó Paloma, que al igual que yo, viajaba “sola”, aunque ella ya había disfrutado de la hospitalidad de ARTEGUIAS en otras dos ocasiones. Hicimos buenas migas, y nos acompañamos mutuamente durante todo el viaje, que se inició exactamente a las 08:36, momento en que el autobús enfiló la autovía A-6, de La Coruña.
Parada técnica y ¡¡¡Nieve!!!
El día apuntaba a frío. Cubierto y con nubes, pero no se barruntaba lluvia. Después de unos 60 kilómetros de recorrido, entramos en el túnel de Guadarrama. Cuando salimos de él, ¡sorpresa! El paisaje que vislumbramos era blanco como la nieve, y efectivamente, eso era lo que nos deslumbraba, nieve, los primeros copos blancos caídos en la comunidad de Madrid. La fotografía que incluyo, tomada en la cafetería de la autopista donde nos detuvimos para disfrutar de un segundo desayuno, da testimonio gráfico de mis palabras. Eran las 09:40 horas.
 
Hasta alcanzar nuestro primer objetivo del viaje, el castillo de Coca, David nos dio una lección práctica y a la vez muy amena, acerca del arte mudéjar.
Pequeña introducción al Mudéjar
Además de las elocuentes palabras de David de la Garma mientras rodaba el autobús camino de nuestro destino, ARTEGUIAS nos proporcionó a cada uno de los excursionistas, un librillo con la información adecuada acerca del viaje que íbamos a realizar. De este librillo, entresaco la siguiente información:
Uno de los acontecimientos, posiblemente el de mayor trascendencia, en la historia del arte español, es la aparición del estilo llamado “MUDEJAR” como mixtificación de las corrientes artísticas cristianas (románicas, góticas y renacentistas) y musulmanas de la época.
El origen histórico-social del mudéjar hay que buscarlo en el avance de la reconquista leonesa, castellana y aragonesa que supuso la incorporación de territorios con población musulmana, que aportan su saber en el campo de diversas artes.
Es comúnmente aceptado que la aparición del mudéjar hay que datarla en el siglo XII en la –por entonces- poderosa ciudad de Sahagún. Esta población leonesa del Camino de Santiago, se convirtió en un fuerte centro religioso y económico en los siglos XII y XIII, como indica el Códice Calixtino “prodigio de todo tipo de bienes”. Es posible que algunas cuadrillas de alarifes de Toledo, fueran contratadas para acelerar los diversos proyectos arquitectónicos que en ese momento se desarrollaban en la ciudad leonesa.
En este siglo XII, las iglesias de San Tirso, San Pedro de Dueñas y la no muy lejana de Santervás de Campos, pararon sus costosas fábricas de sillería románica para ser continuadas con ladrillo, basadas en una decoración novedosa, todavía dubitativa, pero con acusada personalidad. Algo similar sucede en la localidad aragonesa de Daroca. Había nacido la arquitectura mudéjar.
El mudéjar se consolida en el siglo XIII y es exportado hacia el sur y sureste, a tierras todas ellas llanas y con escasa cantería de piedra (Zamora, Salamanca, Valladolid, Ávila, Guadalajara, Madrid y oeste de Segovia, sin afectar apenas a Burgos, Palencia y Soria).
Este mudéjar, nacido en Castilla y León a partir del románico, pero que adquiere identidad propia por su material y su decoración, se le denomina “mudéjar castellano”, “mudéjar leonés” o más acertadamente “mudéjar castellanoleonés”. Es una de las variantes regionales que acompaña al toledano, aragonés, andaluz, etc. Dado el ascendente románico de este arte, se le ha denominado por muchos autores como “ROMÁNICO MUDÉJAR” e incluso “románico de ladrillo”.
EL CASTILLO DE COCA (SEGOVIA)
Avistamos el castillo de Coca, en la provincia de Segovia, poco después de las diez y media de la mañana. Desde el autobús, se veía ya majestuoso. Una vez en tierra, atendimos a las explicaciones que David nos impartió mientras admirábamos el exterior de la imponente fortaleza.
El castillo de Coca es, sin lugar a duda, uno de los edificios más excepcionales de arquitectura civil en ladrillo, y un clarísimo ejemplo del arte mudéjar. Fue construido en la segunda mitad del siglo XV por orden de Don Alonso de Fonseca, arzobispo de Sevilla y señor de Coca.
 
De los Fonseca el castillo pasó, por vínculo matrimonial, a la Casa de Alba. A partir de 1730 su archivo fue trasladado a Madrid y el castillo cayó en el abandono y la rapiña. En 1808, durante la Guerra de la Independencia, los franceses ocuparon la villa de Coca, y sus tropas se instalaron en el castillo, al que causaron grandes destrozos.  Cuando lo abandonaron en 1812, su estado era una completa ruina.
En 1926 fue declarado Monumento Nacional, y en 1931 Monumento Histórico Nacional, formando parte también del Tesoro Artístico Español. En 1954 la casa de Alba cedió el castillo al Ministerio de Agricultura, por un periodo de 100 años menos 1 día. A cambio, el Estado se comprometía a la restauración del mismo. Ésta concluyó en el año 1958 y se instaló en algunas salas del castillo la Escuela de Capacitación Forestal, que sigue funcionando en la actualidad.
 
Tiene planta cuadrada, foso y dos recintos amurallados, lo que le confiere el carácter inexpugnable que le ha caracterizado a lo largo de los siglos. En el segundo recinto se encuentra la torre del homenaje. Su fábrica es de ladrillo con gran decoración en los muros. El interior es de gran lujo y fastuosidad, y conserva la decoración mudéjar. Debido a su grandiosidad fue usado más como palacio que como fortaleza. Es una de las obras cumbres del mudéjar militar
La visita al Castillo
Aún pudimos vislumbrar algunos restos de la copiosa nevada, que según nos manifestó el guía local, había caído ayer en la noche. De hecho, nos indicó que albergó serias dudas acerca de la viabilidad de nuestra excursión. Afortunadamente, las condiciones meteorológicas se dulcificaron.
 
Ya en el interior, visitamos las distintas dependencias del mismo, acompañados de las expertas explicaciones del guía local.
 
Desgraciadamente, hay tesoros que ya no pueden apreciar nuestros ojos. Así, la azulejería mudéjar del Patio de Armas, hoy desaparecida,  que enriquecían el castillo en una forma impropia de la Castilla interior. Lo que hoy vemos es una reconstrucción del original. Del patio primitivo sabemos que quedan algunos de los capiteles de la galería superior.
Torres
El recinto interior se encuentra flanqueado en sus esquinas por sendas torres, en total cuatro. La mayor es la Torre del Homenaje. Las otras tres, Torre de la Muralla y la Torre de los Peces, así como la Torre de Pedro Mata son diferentes en sus tamaños. Estas diferencias, en contra de lo que pudiera pensarse, producen a la vista una agradable gradación de volúmenes.
La Torre del Homenaje contiene en su interior distintas salas dispuestas en pisos y unidas por una estrecha escalera de caracol construida, como el resto del castillo, en ladrillo. Puedo dar fe que la ascensión por la angosta escalera, que se hace en tres etapas (afortunadamente), es realmente dificultosa. Al más que reducido espacio por el que hay que transitar, se une la diferencia existente en cuanto a la altura de los peldaños, todos ellos distintos, un obstáculo más, pensado, según nos informó el guía, para dificultar aún más si cabe, un posible asalto al castillo. Es algo en lo que habitualmente no pensamos cuando subimos un tramo de escaleras. Nos habituamos a que la altura de los peldaños sea regular, siempre la misma, y no nos damos cuenta de la dificultad que supone el hecho de que cada vez que ponemos el pie en el peldaño siguiente, nuestra extremidad inferior no acaba de adaptarse nunca, ya que siempre encontrará una altura diferente que franquear. No sé si me he explicado bien. En cualquier caso, si algún benévolo lector tengo y piensa visitar el castillo en fechas próximas, le sugeriría que tenga en mente lo que acabo de escribir.
 
Las tres salas que se encuentran en la Torre del Homenaje, son de abajo a arriba: La Capilla, la Sala de Armas y la Sala-Museo. Sobre esta última, ya en el exterior, se puede contemplar una panorámica del casco urbano, y del entorno natural en que se encuentra Coca, realmente espectacular, además de otros castillos de poblaciones cercanas como Iscar o Cuéllar.
Salas interiores
En cuanto a las salas interiores, comenzamos nuestra visita en la Capilla, situada en la planta inferior de la Torre del Homenaje.   Guarda algunas tallas románicas y góticas de la Virgen con el Niño. También, dos tablas del XVI de temas religiosos: una Crucifixión y una Anunciación.
Tras el consiguiente tramo de escaleras ya descrito, accedemos a la segunda planta, donde se encuentra la Sala de armas. En ella se exponen diversas armaduras aunque su mayor atractivo es la decoración de los muros y del techo. Los mosaicos mudéjares de tonalidades rojas, blancas y azules, la decoración geométrica y la bóveda decorada con nervios góticos otorgan a esta sala un interés especial.
Por último, tras vencer el tercer tramo de la escalera de caracol, accedemos a la Sala-Museo. En una vitrina central se exponen algunos materiales arqueológicos celtibéricos y romanos así como diversos restos del primitivo castillo. Además, varias basas de mármol de decoración renacentista.
 
También es interesante la Sala de los Jarros, llamada así porque en sus paredes se representan jarros entre arquerías mudéjares y sobre motivos vegetales.
Por último hay que hablar de la Mazmorra. Esta sala y la que se encuentra sobre ella están unidas hoy por un orificio, casi podríamos decir que una especie de gatera, practicada en el techo de la mazmorra. Impresiona la forma en que está construida para evitar la huida de los encarcelados.
Hacia el mediodía abandonamos el castillo para dirigirnos a nuestro siguiente objetivo, el Parque temático del mudéjar de Castilla y León, en la ciudad de Olmedo, provincia de Valladolid.
EL PARQUE TEMÁTICO DEL MUDÉJAR DE CASTILLA Y LEÓN
Poco antes de la una de la tarde hacíamos nuestra entrada en este precioso parque. En él permanecimos durante una hora.
 
Absolutamente todas las maquetas que se muestran en el parque, 20 en total, contando las estaciones ferroviarias de Olmedo y de Villalón de Campos, son verdaderamente extraordinarias. Como no puedo, ni debo cansar al benévolo lector que hasta aquí haya llegado, me limito a incluir en este relato un total de seis fotografías, así como una somera descripción de las mismas, para lo que me sirve de inestimable ayuda el folleto-guía que se nos entregó a cada uno de nosotros a la entrada al Parque.
 
Castillo de Coca. Incluyo la maqueta a modo de curiosidad, ya que todo ha quedado dicho en el apartado correspondiente a nuestra visita al castillo “real”.
 
Ermita de San Saturio (Soria). Imponente, solitaria, la ermita de San Saturio se yergue sobre una peña de la escarpada falda de la sierra de Santa Ana, a orillas del río Duero.
 
Palacio de Pedro I (Astudillo, Palencia). El palacio surge por el deseo expreso del rey don Pedro I y doña María de Padilla en el año 1354, y como anexo al convento que actualmente ocupan las madres clarisas. Su fachada sigue el modelo constructivo de Tordesillas.
 
San Tirso (Sahagún, León). Al elegir esta fotografía no he tenido la menor duda, y más aún después de oír las palabras del profesor De la Garma. Es la obra cumbre del mudéjar leonés y modelo a seguir por las iglesias del denominado foco facundino. San Tirso, obra de mediados del siglo XII, se presenta como uno de los más antiguos ejemplos de la arquitectura del ladrillo.
 
San Juan Bautista (Fresno el Viejo, Valladolid). En la segunda mitad del siglo XII se comenzó a construir esta iglesia de San Juan, de la cual solo es románica la cabecera, ejecutándose a lo largo del siglo XIII el cuerpo de las tres naves.
 
Castillo de la Mota (Medina del Campo, Valladolid). Es una de las maquetas más espectaculares del Parque. De estilo mudéjar, los muros del castillo se levantan sobre los cimientos de un alcázar medieval. A lo largo de la historia ha sido utilizado, según las necesidades de cada época, como archivo de la corona, castillo artillero, prisión real, Escuela Superior de Mandos José Antonio Primo de Rivera, o, en la actualidad, Centro de Formación de la Junta de Castilla y León.
 
Abandonamos Olmedo sobre la una de la tarde para dirigirnos a la vecina Íscar. El cielo, plomizo, amenazaba agua. Nos quedaba la duda de si sería en forma líquida o en blancos copos de nieve. Pronto saldríamos de dudas.
ISCAR (VALLADOLID)
Una vez que llegamos a esta población, ya con una fina lluvia próxima al agua nieve y con un frío considerable, cercano a los cero grados, nos dirigimos a reponer fuerzas.
 
Durante un par de horas, desde las 14:15, fuimos huéspedes de Ábaco, donde dimos cuenta de un abundante almuerzo, consistente en revuelto de huevos con champiñones, entrecot con patatas fritas y tarta helada de postre. Vino y agua sin restricción, café/té. Hay que poner nota alta al restaurante, no solo por lo difícil que es dar de comer a 60 viajeros a la vez, sino porque las viandas eran más que aceptables. Felicito a la organización y, por supuesto, a Ábaco.
Al salir del restaurante nos dirigimos, a pie, a la próxima iglesia de San Miguel. Seguía cayendo una especie de agua nieve con intermitencia. Eran las cuatro y cuarto de la tarde.
Iglesia de San Miguel. En el interior de la iglesia, a resguardo del inclemente frío, el profesor De la Garma nos instruye acerca de este templo románico, con su precioso ábside.
 
A continuación nos trasladamos a pie al otro monumento que íbamos a visitar en Íscar, la Iglesia de Santa María, ésta sí claramente de estilo mudéjar, tal como muestran las fotografías que incluyo, y que pude obtener a duras penas, dado el intenso frío que padecíamos y la fina lluvia que no dejaba de caer.
CUÉLLAR (SEGOVIA)
Poco después de las cinco de la tarde, con muchísimo frío, con el termómetro bajo cero sin duda alguna, pero al menos, ya sin lluvia, arribamos a Cuellar. Aquí, comenzamos nuestra visita en la iglesia de San Martín.
 
Iglesia de San Martín.
Descendimos del autobús y nos situamos alrededor del profesor De la Garma para escuchar sus explicaciones. La verdad sea dicha que la lección en el exterior de la iglesia fue de corta duración. La fotografía que incluyo, en la que se puede ver a David de la Garma “impartiendo su lección” y a la guía local “atenta oyente”, nos da una pequeña idea del frío reinante, con restos de nieve esparcidos en su entorno.
 
Ante la gélida temperatura, entramos rápidamente al interior del templo, declarado en 1931 monumento artístico nacional y actualmente catalogado como Bien de Interés Cultural.
 
El edificio, cuyo origen podemos datar entre los siglos XII y XIII,  típicamente mudéjar, fue convertido en viviendas tras la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, siendo recuperado tras su restauración en la década de los ochenta del pasado siglo. En la actualidad se ha convertido en el Centro de Interpretación del Arte Mudéjar.
Ya dentro del templo, pudimos presenciar un interesante espectáculo de luz y sonido sobre el mundo medieval. Se nos mostró cómo se construían las iglesias, cómo eran sus gentes, su vida diaria y la convivencia entre las tres culturas: cristiana, judía y musulmana.
 
Cuando volvimos a la realidad del frío segoviano, al salir del templo, el reloj se acercaba a las seis y media de la tarde y era ya noche cerrada. Frente a nosotros la gran explanada al final de la cual se encontraba el hermoso castillo de Cuéllar.
 
Castillo de Cuéllar.
El Castillo de Cuéllar, también conocido como de los Duques de Alburquerque, es sin duda el monumento más emblemático de la villa, declarado Bien de Interés Cultural en 1931. Está bien conservado y presenta una mezcla de diferentes estilos arquitectónicos, que van desde el siglo XIII al XVIII.
 
A lo largo de su existencia, ha pasado por diversos avatares, tales como acuartelamiento durante la Guerra de la Independencia, prisión o sanatorio antituberculoso, hasta que en 1972, tras su restauración, se convirtió en un centro de formación profesional e instituto de educación secundaria. Actualmente tiene aquí su sede la oficina de turismo de Cuéllar, así como el Archivo de la Fundación de la Casa de Alburquerque.
 
 
 
Debido a que el tiempo horario apretaba, la visita que hicimos al castillo fue solo de unos 40 minutos, aunque ciertamente nos permitió hacernos una idea de la riqueza del mismo. Para aquellos lectores que tengan un interés particular en este monumento, pueden ver una descripción mucho más detallada en las maravillosas páginas de la  Web de ARTEGUIAS:
Iglesia de San Andrés.
Pasaban ya de las siete de la tarde cuando entrábamos en la iglesia de San Andrés. Se trata sin ningún género de dudas de uno de los mejores ejemplos del mudéjar castellanoleonés, destacando en su interior diversos frescos mudéjares. Pese a las diversas modificaciones sufridas en el tiempo, actualmente conserva su traza original, reafirmada con una completa restauración llevada a cabo en los años 90 del pasado siglo, después de haber sido declarada Bien de Interés Cultural en 1982.
De las páginas de ARTEGUIAS extraigo el siguiente comentario:
Posiblemente la iglesia de San Andrés esté construida a comienzos del siglo XIII, siendo un perfecto ejemplo de templo románico mudéjar de tres naves rematadas por tres ábsides decorados con arquerías y recuadros murales de ladrillo.
Lo que hace especial a esta iglesia es su fachada occidental perfectamente conservada y radiante al atardecer, con arquerías de ladrillo ojivales.
 
Haciendo de tripas corazón, abandoné el acogedor interior del templo y salí al terrible frío de la noche, a fin de poder hacer una fotografía medianamente aceptable de esta preciosa iglesia. El lector juzgará.
REGRESO A MADRID
A las 19:30 los excursionistas nos desparramamos por los tres bares de los aledaños de la iglesia a fin de efectuar la consabida “parada técnica” que nos permitiría hacer de un tirón el regreso a Madrid.
El autobús se puso en marcha a las 20:00 horas. A las 21:45 estábamos de nuevo en el que fue nuestro punto de partida, la plaza de Cristo Rey.
Me despedí de los vecinos de asientos, así como de David, Esther y José Manuel, y en unión de Paloma, que llevaba mi misma dirección, tras un paseo de diez minutos, llegamos al intercambiador de Moncloa a punto de dar las diez de la noche. Allí dije adiós a Paloma y tuve la suerte de coger casi sobre la marcha el autobús que me dejaba en las puertas de casa a las diez y media de la noche.
CONCLUSIÓN
La primera conclusión es que disfruté al máximo de la excursión. Cuando llegué a casa estaba literalmente “molido”, pero muy a gusto. Conocía desde hacía tiempo la fantástica página Web de ARTEGUIAS, http://www.arteguias.com/ y más de una vez estuve a punto de acercarme a sus oficinas, en la calle de Galileo 44, de Madrid, de modo que cuando Soco y Celia me hicieron el regalo de este viaje, sentí una gran ilusión, pues además, se daba la circunstancia de que no había visitado nunca ninguno de los puntos que incluía la excursión.
Luego, una vez realizado el viaje, mi sentir es absolutamente positivo. Lo primero que me llamó la atención al inicio de nuestro periplo, fue la sensación de encontrarme en una “gran familia”, arropado por gentes que en su gran mayoría eran viajeros habituales, que se conocían desde hacía ya tiempo y que se encontraban como “en casa”. Para alguien neófito como yo, esa sensación se agradece sobremanera. Es sintomático y dice mucho de la buena organización de la empresa, el hecho de que conocían perfectamente “mis antecedentes y por qué me encontraba allí”.
Luego, yendo ya a un aspecto más concreto, tengo que decir que todo estuvo perfectamente bien planificado, incluyendo, como ya he dicho, la parte más mundana, como fue el “avituallamiento” realizado en el restaurante Ábaco.
Por supuesto, no puedo dejar de hacer constar las magníficas lecciones del profesor David de la Garma, que además de profundas fueron muy amenas.
 
Por último, no quiero dejar pasar el hecho de que no había transcurrido ni una semana de la realización del viaje, cuando a través de un correo de Esther, recibí la magnífica foto que cierra este relato, y que muestra a los 60 excursionistas al pie de la maqueta del Castillo de la Mota. Para la historia, me encuentro situado en primera fila, agachado, el cuarto contando desde la izquierda, con la cámara al cuello y las manos apoyadas en la mochila.
Tal como les comenté a David, Esther y José Manuel, ha sido mi primera incursión en ARTEGUIAS, pero no será la última. El pago de la próxima correrá de mi cuenta.
Juan José Alonso Panero
Las Rozas de Madrid, 7 de diciembre de 2013