viernes, 29 de mayo de 2026

 

LAS TABLAS DE DAIMIEL


Martes, 19 de mayo de 2026, una nueva excursión con la Hermandad de Jubilados de los ministerios de Comercio, Economía y Hacienda. En esta ocasión nos desplazamos a las Tablas de Daimiel y La Motilla del Azuer, provincia de Ciudad Real, a unos 180 Km de Madrid, sobre dos horas de viaje.

Somos 27 los viajeros, entre los cuales están, nuestro presidente en funciones, Baltasar Balbuena y la secretaria general de la Hermandad, Elena Romero, que vienen al frente de la expedición. Además, viajan también Juan Carmona, vicetesorero de la Hermandad y su esposa Mª Victoria; Laura Cárcamo, Rosalía, Francisco Javier Gutiérrez, Ramiro González, Alfredo Alameda y su esposa Mª Antonia Fernández… Cuidará de nosotros durante todo el trayecto Ana Montegrifo, de la agencia de Viajes Paso a Paso, con la que colaboramos habitualmente.

Todas las fotos de este artículo están hechas con un teléfono móvil Samsung Galaxy A40; además aporto algunas más de Elena Romero (Samsung Galaxy S26 ultra) y Ramiro González.


En cuanto a las fuentes que he utilizado para escribir este relato está la página Web del Ayuntamiento de Daimiel para el Museo Comarcal, así como lo expuesto por nuestros guías. También fue mi intención utilizar la Wikipedia como hago habitualmente, pero dos circunstancias me disuadieron de hacerlo: la primera, que lo expuesto en la Wikipedia, tanto para Las Tablas como La Motilla, era extensísimo y como destinado a profesionales, muy lejos del perfil de los viajeros que componíamos la expedición. La segunda razón por la cual no utilicé la Wikipedia, se debe a que encontré la solución en nuestra revista de la Hermandad Suma y Sigue. En el número correspondiente al mes de abril, viene una descripción de los lugares que visitamos perfecta, desde mi modesto punto de vista; es concisa y explica en unas pocas líneas con detalle lo que necesitábamos saber los expedicionarios, de modo que por primera vez desde que escribo en este Blog, cerca ya de 20 años, me limito a transcribir literalmente lo expuesto en Suma y Sigue, y siento sinceramente no saber el nombre de quién escribió el relato para anotarlo y que quedara constancia; en cualquier caso, mi agradecimiento más profundo. 


Salimos de Madrid, desde nuestra sede en Alberto Alcocer a las 08:35, e hicimos una parada intermedia desde las 09:45 hasta las 10:20 para reponernos con café, infusiones… así como para ir a los baños. El tiempo climatológico es excepcional, 26 grados a la sombra.


Llegamos a las Tablas de Daimiel a las 11:40 y la visita se inició 10 minutos más tarde. Nos acompaña una guía con muy buena voluntad, pero que no para de hablar durante las dos horas que dura el recorrido, tratando de explicarnos los más mínimos detalles del Parque Nacional, de modo que al menos yo, no conseguí retener casi nada de su verborrea. Cuánto mejor habría sido una disertación más pausada y concisa que habríamos podido asimilar mejor. En este punto no puedo dejar de recordar, por ser el polo opuesto a nuestra guía de Las Tablas, a Julio Marante, su homónimo que tuvimos en nuestra visita a la isla de La Palma.


Según nuestra guía, el espacio que recorrimos era de 2 Km, pero alguna compañera de la expedición que tenía un reloj de los que miden el recorrido, apuntó que habíamos andado ¡durante 4,2 Km! cuando finalizó la visita sobre las 13:45. Quien escribe estas líneas, que tiene la mala costumbre de andar muy poco, quedó literalmente derrotado, de modo que ya anticipo que tras nuestra comida me quedé reposando en el autobús la hora larga que duró la visita al Museo Comarcal de Daimiel.


PARQUE NACIONAL DE LAS TABLAS DE DAIMIEL

“En el corazón de La Mancha se encuentra uno de los espacios naturales más singulares de Europa: el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel. Este enclave único es un auténtico oasis en medio de la llanura manchega y representa el último ejemplo vivo de un ecosistema conocido como tabla fluvial, formado por el desbordamiento natural de los ríos en terrenos llanos y poco profundos.


Las tablas de Daimiel nacen de la confluencia de dos ríos de características muy diferentes: el Guadiana, de aguas dulces y curso permanente, y el Cigüela, de carácter estacional y aguas salobres. Esta combinación crea un paisaje cambiante, donde el agua, la vegetación y la luz ofrecen un espectáculo distinto en cada época del año. El parque está dominado por una rica vegetación palustre, formada principalmente por masiegas, carrizos y eneas, que cubren grandes extensiones de humedal. Entre estas plantas emergen pequeños bosques de tarayes, uno de los símbolos del parque, que crean islas naturales y refugios perfectos para la fauna. Este entorno húmedo contrasta de forma sorprendente con el paisaje que caracteriza a gran parte de La Mancha.





Las Tablas de Daimiel son un auténtico paraíso para la observación de aves. A lo largo del año, el parque acoge numerosas especies de aves acuáticas, tanto residentes como migratorias. Garzas, patos, ánades, fochas o cigüeñuelas conviven con especies que utilizan el humedal como lugar de descanso, invernada o reproducción durante sus largas rutas migratorias. Este valor ecológico convierte al parque en un destino imprescindible para amantes de la naturaleza y la fotografía. El visitante puede recorrerlo a través de pasarelas y senderos perfectamente acondicionados, que permiten adentrarse en el corazón del humedal sin alterar su equilibrio natural.



Caminar sobre el agua rodeado de silencio y sonidos de la naturaleza, es una experiencia relajante y única que invita a la contemplación y al disfrute pausado del paisaje. Más allá de su belleza natural, Las Tablas de Daimiel representan un espacio profundamente ligado a la historia y a la vida de sus habitantes. Durante siglos, el agua ha sido fuente de riqueza, sustento y cultura en esta comarca, marcando el carácter de sus gentes y su relación con el entorno. Visitar Las Tablas de Daimiel es descubrir un paisaje vivo, frágil y extraordinario, donde el agua y la naturaleza se funden para ofrecer una experiencia inolvidable. Un lugar imprescindible para comprender la riqueza natural de La Mancha y disfrutar de uno de los humedales más emblemáticos de la Península Ibérica”.

Nuestra comida

El almuerzo, en un restaurante de Daimiel, consistió en platos variados de primero: huevos escalfados con patatas, gambas con salsa, pimientos… De segundo, se podía elegir entre varias opciones, como salmón, entrecot de ternera, solomillo de cerdo… postres variados, agua mineral sin gas, vino tinto, Gaseosa La Casera. La verdad es que como casi siempre en nuestros desplazamientos, comimos muy bien, incluso demasiado.

MUSEO COMARCAL DE DAIMIEL


La visita al Museo se inició sobre las 16:00 horas y duró hasta poco después de las 17:00.


Un didáctico viaje por Daimiel y su entorno para conocer la historia, el territorio, la tecnología y las ideas y creencias desde la época de la Motilla del Azuer, hace más de 4.000 años. EL Museo es el punto de salida de la visita a este yacimiento arqueológico único en la Península Ibérica.


El recorrido prosigue con íberos, romanos y con los hispanos-musulmanes de Calatrava la Vieja. En la planta alta, dedicada al mundo moderno, descubriremos la Casa de los Carrillo, ejemplo de casa renacentista en Daimiel, y la arquitectura tradicional manchega.


Además, el Museo rinde un especial homenaje a la obra del genial arquitecto Miguel Fisac, a la colección cerámica de Vicente Carranza, una de las más importantes de España, y al pintor local Juan D’Opazo.

Después de la visita al Museo Comarcal de Daimiel y tras un corto trayecto, a las 17:30 estábamos en La Motilla del Azuer.

LA MOTILLA DEL AZUER


Aquí, para efectuar la visita nos dividimos en dos grupos; al frente del que me tocó a mí está una guía muy agradable y joven, Sheila, que en todo momento está pendiente de los expedicionarios, explicando con anticipación las dificultades físicas que iba a tener el recorrido para penetrar y conocer las ruinas de lo que fue la Motilla del Azuer.



“En pleno paisaje manchego, cerca de Daimiel, se alza uno de los enclaves arqueológicos más sorprendente de la Península Ibérica: la Motilla del Azuer, ‘auténtico corazón prehistórico de La Mancha’. Este yacimiento único nos invita a realizar un viaje en el tiempo hasta la Edad del Bronce (2200-1300 a.C.), cuando las primeras comunidades humanas aprendieron a organizar el territorio y a dominar un recurso tan esencial como el agua. La Motilla del Azuer destaca en el paisaje como una pequeña colina artificial rodeada de llanuras. Forma parte de un tipo de asentamiento exclusivo de La Mancha: las motillas, auténticas fortalezas prehistóricas, construidas para proteger a sus habitantes y asegurar su supervivencia en un entorno marcado por periodos de sequía. Su ubicación junto al río Azuer no es casual, ya que permitía el acceso a tierras fértiles, rutas naturales de comunicación y, sobre todo, al agua subterránea.


El recinto fortificado está compuesto por varias murallas concéntricas que rodean una torre central, creando una imagen imponente incluso hoy en día. En su interior se desarrollaban las principales actividades económicas: grandes silos para almacenar cereales, hornos para la elaboración de cerámica y espacios destinados a la metalurgia y al procesamiento de alimentos. La ganadería, principalmente de ovejas y cabras, completaba la base económica de esta comunidad.


Uno de los grandes atractivos de la visita es el pozo de la Motilla del Azuer, considerado el más antiguo de la Península Ibérica. Con más de 4.000 años de antigüedad, esta extraordinaria obra de ingeniería permitía extraer agua del subsuelo a más de 14 metros de profundidad. Este sistema hidráulico refleja la estrecha relación entre el ser humano y el agua desde tiempos remotos, y convierte a la Motilla del Azuer en un símbolo del ingenio y la adaptación al medio.

Fuera de la fortificación se extiende el poblado, con viviendas construidas en barro y piedra, organizadas en torno a espacios abiertos donde se desarrollaba la vida cotidiana. Los enterramientos se realizaban dentro del propio asentamiento, siguiendo rituales propios de la Edad del Bronce, lo que refuerza la sensación de comunidad y continuidad entre la vida y la muerte.

Visitar la Motilla del Azuer es descubrir un paisaje habitado hace miles de años, comprender cómo vivían sus pobladores y valorar un patrimonio arqueológico excepcional. Un lugar imprescindible para quienes desean conocer los orígenes de La Mancha y dejarse sorprender por uno de los testimonios más antiguos de la historia del agua en la Península Ibérica”.

Como ya anticipé penetramos en las ruinas de la Motilla del Azuer recorriendo los diferentes pasos, en muchos casos con subidas con tramos  muy angostos y un firme muy irregular de una extrema dificultad… que luego había que bajar. Cuando llegamos al centro de La Motilla, en lo alto de la construcción, se divisaba un paisaje diáfano de todo lo que nos rodeaba.

Finalizó nuestra visita sobre las 18:30 en que iniciamos nuestro regreso a Madrid, efectuando el trayecto de un tirón. Llegamos a la capital sobre las 20:45, cogí un taxi en la plaza de Cuzco y poco después de las nueve de la noche, aún de día, llegaba a casa en Las Rozas.

¿Qué puedo decir antes de terminar? La excursión ha resultado muy bien; nuestro desplazamiento a Las Tablas de Daimiel con una climatología perfecta fue muy interesante, y si tengo que ponerle algún pero es que me resultó un tanto monótono, todo era igual durante las dos horas del recorrido…

Yo, particularmente, aprecié más la visita a la Motilla del Azuer, algo totalmente diferente a lo que hasta ahora había visto en mi ya larga trayectoria de vida.

Antes de terminar quiero dedicarle un recuerdo a nuestra compañera Mercedes Echeverría Blanco, Merche para todos sus compañeros de la Hermandad, de cuyo fallecimiento reciente me enteré en este viaje por boca de su hijo Javier Gutiérrez. Fueron muchas las veces que compartimos con Merche estos viajes y durante muchos años. Descanse en paz.

Juan José Alonso Panero

Las Rozas de Madrid, 29 de mayo de 2026

1 comentario:

  1. Estupendo periplo. Has tenido suerte de ver el humedal con agua, lleno de vida.
    Gracias.

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