LAS TABLAS DE DAIMIEL
Martes, 19 de mayo de
2026, una nueva excursión con la Hermandad de Jubilados de los ministerios de Comercio,
Economía y Hacienda. En esta ocasión nos desplazamos a las Tablas de Daimiel y
La Motilla del Azuer, provincia de Ciudad Real, a unos 180 Km de Madrid, sobre
dos horas de viaje.
Somos 27 los viajeros,
entre los cuales están, nuestro presidente en funciones, Baltasar Balbuena y la
secretaria general de la Hermandad, Elena Romero, que vienen al frente de la
expedición. Además, viajan también Juan Carmona, vicetesorero de la Hermandad y
su esposa Mª
Victoria; Laura Cárcamo, Rosalía, Francisco Javier Gutiérrez, Ramiro González,
Alfredo Alameda
y su esposa Mª
Antonia Fernández… Cuidará de nosotros durante todo el trayecto Ana Montegrifo,
de la agencia de Viajes Paso a Paso, con la que colaboramos habitualmente.
Todas las fotos de este
artículo están hechas con un teléfono móvil Samsung
Galaxy A40; además aporto algunas más de Elena Romero (Samsung Galaxy S26 ultra) y Ramiro González.

En cuanto a las fuentes
que he utilizado para escribir este relato está la página Web del Ayuntamiento
de Daimiel para el Museo Comarcal, así como lo expuesto por nuestros guías.
También fue mi intención utilizar la Wikipedia como hago habitualmente, pero
dos circunstancias me disuadieron de hacerlo: la primera, que lo expuesto en la
Wikipedia, tanto para Las Tablas como La Motilla, era extensísimo y como
destinado a profesionales, muy lejos del perfil de los viajeros que componíamos
la expedición. La segunda razón por la cual no utilicé la Wikipedia, se debe a
que encontré la solución en nuestra revista de la Hermandad Suma y Sigue. En el
número correspondiente al mes de abril, viene una descripción de los lugares
que visitamos perfecta, desde mi modesto punto de vista; es concisa y explica
en unas pocas líneas con detalle lo que necesitábamos saber los
expedicionarios, de modo que por primera vez desde que escribo en este Blog,
cerca ya de 20 años, me limito a transcribir literalmente lo expuesto en Suma y
Sigue, y siento sinceramente no saber el nombre de quién escribió el relato
para anotarlo y que quedara constancia; en cualquier caso, mi agradecimiento
más profundo. 
Salimos de Madrid, desde
nuestra sede en Alberto Alcocer a las 08:35, e hicimos una parada intermedia
desde las 09:45 hasta las 10:20 para reponernos con café, infusiones… así como
para ir a los baños. El tiempo climatológico es excepcional, 26 grados a la
sombra.
Llegamos a las Tablas de
Daimiel a las 11:40 y la visita se inició 10 minutos más tarde. Nos acompaña
una guía con muy buena voluntad, pero que no para de hablar durante las dos
horas que dura el recorrido, tratando de explicarnos los más mínimos detalles
del Parque Nacional, de modo que al menos yo, no conseguí retener casi nada de su
verborrea. Cuánto mejor habría sido una disertación más pausada y concisa que
habríamos podido asimilar mejor. En este punto no puedo dejar de recordar, por
ser el polo opuesto a nuestra guía de Las Tablas, a Julio Marante, su homónimo que
tuvimos en nuestra visita a la isla de La Palma.
Según nuestra guía, el
espacio que recorrimos era de 2 Km, pero alguna compañera de la expedición que
tenía un reloj de los que miden el recorrido, apuntó que habíamos andado
¡durante 4,2 Km! cuando finalizó la visita sobre las 13:45. Quien escribe estas
líneas, que tiene la mala costumbre de andar muy poco, quedó literalmente
derrotado, de modo que ya anticipo que tras nuestra comida me quedé reposando
en el autobús la hora larga que duró la visita al Museo Comarcal de Daimiel.
PARQUE
NACIONAL DE LAS TABLAS DE DAIMIEL
“En el corazón de La
Mancha se encuentra uno de los espacios naturales más singulares de Europa: el
Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel. Este enclave único es un auténtico
oasis en medio de la llanura manchega y representa el último ejemplo vivo de un
ecosistema conocido como tabla fluvial, formado por el desbordamiento natural
de los ríos en terrenos llanos y poco profundos.


Las tablas de Daimiel
nacen de la confluencia de dos ríos de características muy diferentes: el
Guadiana, de aguas dulces y curso permanente, y el Cigüela, de carácter
estacional y aguas salobres. Esta combinación crea un paisaje cambiante, donde
el agua, la vegetación y la luz ofrecen un espectáculo distinto en cada época
del año. El parque está dominado por una rica vegetación palustre, formada
principalmente por masiegas, carrizos y eneas, que cubren grandes extensiones
de humedal. Entre estas plantas emergen pequeños bosques de tarayes, uno de los
símbolos del parque, que crean islas naturales y refugios perfectos para la
fauna. Este entorno húmedo contrasta de forma sorprendente con el paisaje que
caracteriza a gran parte de La Mancha.




Las Tablas de Daimiel son
un auténtico paraíso para la observación de aves. A lo largo del año, el parque
acoge numerosas especies de aves acuáticas, tanto residentes como migratorias.
Garzas, patos, ánades, fochas o cigüeñuelas conviven con especies que utilizan
el humedal como lugar de descanso, invernada o reproducción durante sus largas
rutas migratorias. Este valor ecológico convierte al parque en un destino
imprescindible para amantes de la naturaleza y la fotografía. El visitante
puede recorrerlo a través de pasarelas y senderos perfectamente acondicionados,
que permiten adentrarse en el corazón del humedal sin alterar su equilibrio
natural.
Caminar sobre el agua
rodeado de silencio y sonidos de la naturaleza, es una experiencia relajante y
única que invita a la contemplación y al disfrute pausado del paisaje. Más allá
de su belleza natural, Las Tablas de Daimiel representan un espacio
profundamente ligado a la historia y a la vida de sus habitantes. Durante
siglos, el agua ha sido fuente de riqueza, sustento y cultura en esta comarca,
marcando el carácter de sus gentes y su relación con el entorno. Visitar Las
Tablas de Daimiel es descubrir un paisaje vivo, frágil y extraordinario, donde
el agua y la naturaleza se funden para ofrecer una experiencia inolvidable. Un
lugar imprescindible para comprender la riqueza natural de La Mancha y
disfrutar de uno de los humedales más emblemáticos de la Península Ibérica”.
Nuestra comida
El almuerzo, en un
restaurante de Daimiel, consistió en platos variados de primero: huevos
escalfados con patatas, gambas con salsa, pimientos… De segundo, se podía
elegir entre varias opciones, como salmón, entrecot de ternera, solomillo de
cerdo… postres variados, agua mineral sin gas, vino tinto, Gaseosa La Casera.
La verdad es que como casi siempre en nuestros desplazamientos, comimos muy
bien, incluso demasiado.
MUSEO COMARCAL DE
DAIMIEL
La visita al Museo se inició sobre las 16:00
horas y duró hasta poco después de las 17:00.
Un didáctico viaje por Daimiel y su entorno
para conocer la historia, el territorio, la tecnología y las ideas y creencias
desde la época de la Motilla del Azuer, hace más de 4.000 años. EL Museo es el
punto de salida de la visita a este yacimiento arqueológico único en la
Península Ibérica.
El recorrido prosigue con íberos, romanos y con
los hispanos-musulmanes de Calatrava la Vieja. En la planta alta, dedicada al
mundo moderno, descubriremos la Casa de los Carrillo, ejemplo de casa
renacentista en Daimiel, y la arquitectura tradicional manchega.
Además, el Museo rinde un especial homenaje a
la obra del genial arquitecto Miguel Fisac, a la colección
cerámica de Vicente Carranza, una de las más
importantes de España, y al pintor local Juan D’Opazo.Después de la visita al
Museo Comarcal de Daimiel y tras un corto trayecto, a las 17:30 estábamos en La
Motilla del Azuer.
LA MOTILLA DEL
AZUER
Aquí, para efectuar la visita nos dividimos en
dos grupos; al frente del que me tocó a mí está una guía muy agradable y joven,
Sheila, que en todo momento está pendiente de los
expedicionarios, explicando con anticipación las dificultades físicas que iba a
tener el recorrido para penetrar y conocer las ruinas de lo que fue la Motilla
del Azuer.

“En pleno paisaje
manchego, cerca de Daimiel, se alza uno de los enclaves arqueológicos más
sorprendente de la Península Ibérica: la Motilla del Azuer, ‘auténtico corazón
prehistórico de La Mancha’. Este yacimiento único nos invita a realizar un
viaje en el tiempo hasta la Edad del Bronce (2200-1300 a.C.), cuando las primeras
comunidades humanas aprendieron a organizar el territorio y a dominar un
recurso tan esencial como el agua. La Motilla del Azuer destaca en el paisaje
como una pequeña colina artificial rodeada de llanuras. Forma parte de un tipo
de asentamiento exclusivo de La Mancha: las motillas, auténticas fortalezas
prehistóricas, construidas para proteger a sus habitantes y asegurar su
supervivencia en un entorno marcado por periodos de sequía. Su ubicación junto
al río Azuer no es casual, ya que permitía el acceso a tierras fértiles, rutas
naturales de comunicación y, sobre todo, al agua subterránea.
El recinto fortificado
está compuesto por varias murallas concéntricas que rodean una torre central,
creando una imagen imponente incluso hoy en día. En su interior se
desarrollaban las principales actividades económicas: grandes silos para
almacenar cereales, hornos para la elaboración de cerámica y espacios
destinados a la metalurgia y al procesamiento de alimentos. La ganadería,
principalmente de ovejas y cabras, completaba la base económica de esta
comunidad.
Uno de los grandes
atractivos de la visita es el pozo de la Motilla del Azuer, considerado el más
antiguo de la Península Ibérica. Con más de 4.000 años de antigüedad, esta
extraordinaria obra de ingeniería permitía extraer agua del subsuelo a más de
14 metros de profundidad. Este sistema hidráulico refleja la estrecha relación
entre el ser humano y el agua desde tiempos remotos, y convierte a la Motilla
del Azuer en un símbolo del ingenio y la adaptación al medio.
Fuera de la fortificación
se extiende el poblado, con viviendas construidas en barro y piedra,
organizadas en torno a espacios abiertos donde se desarrollaba la vida
cotidiana. Los enterramientos se realizaban dentro del propio asentamiento, siguiendo
rituales propios de la Edad del Bronce, lo que refuerza la sensación de
comunidad y continuidad entre la vida y la muerte.
Visitar la Motilla del
Azuer es descubrir un paisaje habitado hace miles de años, comprender cómo
vivían sus pobladores y valorar un patrimonio arqueológico excepcional. Un
lugar imprescindible para quienes desean conocer los orígenes de La Mancha y
dejarse sorprender por uno de los testimonios más antiguos de la historia del
agua en la Península Ibérica”.
Como ya anticipé penetramos
en las ruinas de la Motilla del Azuer recorriendo los diferentes pasos, en
muchos casos con subidas con tramos muy
angostos y un firme muy irregular de una extrema dificultad… que luego había
que bajar. Cuando llegamos al centro de La Motilla, en lo alto de la
construcción, se divisaba un paisaje diáfano de todo lo que nos rodeaba.
Finalizó nuestra visita
sobre las 18:30 en que iniciamos nuestro regreso a Madrid, efectuando el
trayecto de un tirón. Llegamos a la capital sobre las 20:45, cogí un taxi en la
plaza de Cuzco y poco después de las nueve de la noche, aún de día, llegaba a
casa en Las Rozas.
¿Qué puedo decir antes de
terminar? La excursión ha resultado muy bien; nuestro desplazamiento a Las
Tablas de Daimiel con una climatología perfecta fue muy interesante, y si tengo
que ponerle algún pero es que me resultó un tanto monótono, todo era igual
durante las dos horas del recorrido…
Yo, particularmente,
aprecié más la visita a la Motilla del Azuer, algo totalmente diferente a lo
que hasta ahora había visto en mi ya larga trayectoria de vida.
Antes de terminar quiero
dedicarle un recuerdo a nuestra compañera Mercedes Echeverría Blanco, Merche
para todos sus compañeros de la Hermandad, de cuyo fallecimiento reciente me
enteré en este viaje por boca de su hijo Javier Gutiérrez. Fueron muchas las veces que
compartimos con Merche
estos viajes y durante muchos años. Descanse en paz.
Juan José Alonso Panero
Las Rozas de Madrid, 29 de
mayo de 2026
Estupendo periplo. Has tenido suerte de ver el humedal con agua, lleno de vida.
ResponderEliminarGracias.