miércoles, 8 de junio de 2016

LA HOZ DEL RÍO DULCE Y SIGÜENZA


Una nueva excursión con la Hermandad de Jubilados de los ministerios de Comercio, Economía y Hacienda, esta vez a la Hoz del río Dulce y con posterioridad a Sigüenza.


En esta ocasión, al igual que en la ruta de las caras de Buendía, nuevamente unieron sus fuerzas el grupo de senderismo y el de viajes. Se trataba de conmemorar a nuestra manera el 4º Centenario del fallecimiento de Cervantes y andar por unas tierras que en su tiempo hollaron Don Quijote y Sancho. La idea inicial era visitar Pelegrina y desde allí recorrer una ruta senderista hasta La Cabrera. No obstante el hombre propone y Dios dispone, y en este caso, el obstáculo se encontraba en la imposibilidad material del autobús para adentrarse en la ruta que había que seguir desde Pelegrina, de modo que se varió el itinerario sobre la marcha a instancias de nuestro guía, Manuel, al que habíamos recogido en Guadalajara y que ya nos había acompañado en la visita a los Pueblos Negros.


A la cabeza de los 49 excursionistas que componemos la expedición se encuentran los miembros del grupo de viajes y de senderismo, Elena, Jorge y Pilar y Maribel. En esta ocasión no puede acompañarnos Isabel Martínez nuestra vocal de cultura que se encuentra algo “pachucha”.


Las fotos

Como siempre hago, indico los datos técnicos de las fotografías que componen el reportaje. Todas ellas fueron tomadas con una Leica M9-P y un solo objetivo, Leica Elmarit 28mm f/2,8.

Salimos

El autobús parte de nuestra sede en la calle de Alberto Alcocer de Madrid con solo 10 minutos de retraso, a las 09:10 horas. A las 10:35 nos encontramos en el área de servicio del punto kilométrico 103 donde hacemos nuestra parada técnica hasta las 11:00, y media hora más tarde nos encontrábamos en el que iba a ser nuestro punto de partida para la ruta senderista que íbamos a seguir de 7,5 Km, llanos con un pequeño repecho el último kilómetro.



Como ya he apuntado, se cambió el recorrido, y el nuevo trayecto, siempre siguiendo a nuestra diestra al maravilloso y cristalino río Dulce, afluente del Henares que a su vez pertenece a la cuenca hidrográfica del Tajo, partió de Aragosa con punto final establecido en La Cabrera. Dado el esfuerzo que había que realizar y teniendo en cuenta los muchos años que acarreamos a nuestras espaldas los miembros de la Hermandad, se dio opción a los que no desearan efectuar el camino a pie de esperar en el interior del autobús. Tan solo hubo 6 deserciones.



La ruta senderista


¿Qué puedo decir del trayecto que efectuamos en un día climatológicamente espléndido con poco más de 20º de temperatura? Una auténtica maravilla, con el río Dulce a nuestra diestra, con aguas cristalinas, como ya he dicho, y bordeado de chopos y robles, mientras a nuestra izquierda contemplábamos las paredes rocosas de las oquedades abiertas por la naturaleza en el recorrido del río Dulce. Hasta nos fue dado vislumbrar el fabuloso planear de un majestuoso buitre leonado, lo que nos trajo a la mente que en estos lugares, filmó muchos de sus documentales el recordado Félix Rodríguez de la Fuente.



Abría la marcha nuestro guía Manuel, chico joven y bien dispuesto que nos llevaba a un ritmo bastante ligero. Poco a poco, las distancias que se fueron abriendo entre los diferentes excursionistas se fue alargando y formando una especie de serpiente multicolor emulando al Tour de Francia. Mi amigo Pedro y yo íbamos en el grupo de cabeza. Cerca de la mitad de la ruta, Manuel decidió parar para reagrupar a los viajeros que renqueaban. Un pequeño grupo de tres excursionistas, y Pedro y yo, decidimos seguir el camino a un ritmo algo más pausado, pero siempre preferible a parar y enfriar los músculos. Poco a poco y sin darnos cuenta, quedamos a la cabeza, aunque ya cerca de la conclusión vimos aparecer a nuestro guía acompañado de otros 3 ó 4 viajeros.



Justamente al final de nuestro recorrido, en ligera pendiente como ya he apuntado, experimenté en mi propio cuerpo lo que los ciclistas llaman “una pájara”, es decir, quedarse materialmente pegados, de golpe, al asfalto, en mi caso al sendero de tierra, sin fuerzas para seguir. Cuando ya veía el desenlace de la ruta, mis piernas dijeron basta y me acordé de aquella famosa frase cinematográfica de “no siento las piernas”. Me dije que no podía caer al suelo, y más con la cámara colgada al cuello. En un esfuerzo supremo, y mientras veía a Pedro hacer estiramientos tras culminar nuestra proeza, logré llegar hasta un banco y quedar materialmente traspuesto. Había costado pero coronamos en cabeza. Miré el reloj, exactamente las 13:25, es decir, habíamos tardado exactamente 2 horas en efectuar el recorrido de casi 8 Km. Las fotos que acompañan el reportaje dan una idea del maravilloso itinerario que seguimos.




Mientras descansábamos del periplo, primero en el banco y luego en el autobús que nos esperaba en el punto final de nuestra ruta, fuimos viendo llegar al resto de la expedición en un interminable gota a gota, hasta los últimos, que lo hicieron claramente “fuera de control” una hora después de nuestra arribada. Ya en el autobús nos enteramos de la caída durante el trayecto de una de nuestras compañeras de viaje, que mostraba grandes magulladuras, rasguños y moratones en la cara. Fue nuestro particular tributo de sangre que afortunadamente quedó solo en un buen susto. A las 14:30 reiniciamos la marcha hacia Sigüenza, a donde llegamos media hora después para sentarnos a reponer fuerzas en el restaurante Calle Mayor.


La comida

A fin de que mis lectores puedan hacerse una idea de nuestra maravillosa comida, inserto en el reportaje el menú que degustamos, todo él excelente en grado sumo. Baste decir, que yo, que soy de buen comer, no pude terminar la maravillosa carrillera que se nos ofreció.


Durante el transcurso de la comida tuvimos el segundo susto de la jornada. Otra de nuestras compañeras sufrió una aparatosa lipotimia. Varios de los miembros de la expedición, a la cabeza de los cuales tengo que resaltar los buenos oficios de Pilar, haciendo uso de sus conocimientos profesionales sanitarios, así como Elena, ayudaron en el trance, que acabó con la llegada de la ambulancia que dictaminó la levedad del percance, aunque todos nos llevamos un buen susto.

Sigüenza

Haciendo uso de la Wikipedia, apunto algunos datos, sin querer ser exhaustivo, de esta bonita ciudad.


Sigüenza, situada a una altitud de 1004 metros sobre el nivel del mar, es un municipio perteneciente a la provincia de Guadalajara, en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. Es la mayor localidad de la comarca de la Serranía cercana a la zona de entronque de los sistemas montañosos Central e Ibérico, en la comarca natural del Alto Henares. En 2014, el municipio contaba con una población total de 4712 habitantes.

Sigüenza es ciudad mitrada desde el siglo XII, siendo Bernardo de Agén su primer obispo, monje guerrero que, según tradición, arrebató la ciudad al musulmán en el día de San Vicente Mártir del año 1124, fundando posteriormente la catedral-basílica, la cual dedicó a la reliquia de Santa Librada que él trajo desde su tierra gala natal. Hoy en día Sigüenza es la sede principal de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara.

La ciudad fue declarada conjunto histórico artístico –antecedente de la figura de bien de interés cultural- en 1965.

Entre sus importantes monumentos son varios los que destacan. Hablaremos en primer lugar de aquellos que nos fue imposible visitar, como es el caso de la catedral, cerrada por obras, según se nos informó, y del famoso Doncel, ubicado en el interior de la seo de la ciudad.


La catedral de Santa María es de estilo inicial románico-renacentista con acabado gótico y numerosos elementos renacentistas en su interior. Las dos grandes torres macizas de la fachada le dan reminiscencias de fortaleza. Dentro de ella se encuentra, entre otras artísticas dependencias, la capilla de los Arce con la estatua yacente del Doncel de Sigüenza, y la sacristía mayor o de las cabezas.

El sepulcro del Doncel es la tumba de Martín Vázquez de Arce ubicada en la capilla de San Juan y Santa Catalina. Se trata de una de las principales esculturas del gótico tardío español.


Fue encargada por su hermano, Fernando Vázquez de Arce, obispo de Canarias y, aunque se desconoce con exactitud el escultor, se le atribuye a Sebastián de Almonacid, que la realizó entre 1486, año de la defunción del Doncel, y 1504, en el que sale citado en el testamento de su padre como ya realizado en la capilla de la catedral.

El sepulcro, colocado sobre tres leones, está bajo una hornacina en arco de medio punto, con la estatua del Doncel en alabastro. Lo que más resalta es que no es una figura yacente, dormida, sino que se encuentra recostado, con una pierna sobre la otra y apoya el brazo medio incorporado, en actitud de leer un libro que sostiene abierto en sus manos. La iconografía habitual durante la Edad Media, reserva los libros a personajes eclesiásticos, por lo que su uso en este caso puede considerarse una innovación.

La visita de Sigüenza

Tras la comida, pasadas ya las 17:00 horas, iniciamos nuestra visita a Sigüenza. Lamentablemente, y como ya queda dicho, no pudimos ver dos de los puntos principales de atracción de la ciudad, su catedral y el famoso Doncel.


Visitamos pues en primer lugar la iglesia de Santiago, que está previsto que se convierta en el futuro Centro de Interpretación del Románico, tal como nos explicó nuestro guía Manuel, que nos llevó luego a la también románica iglesia de San Vicente.



Examinamos luego la Plaza Mayor, de estilo renacentista, mandada construir por el Cardenal Mendoza, donde se sitúa el Palacio Municipal.



Nos dirigimos a continuación a la Casa del Doncel, denominación habitual del que fuera palacio tardo gótico de los Marqueses de Bedmar, hoy perteneciente a la Universidad de Alcalá de Henares, y que tal como nos informó Manuel, comenzó a construirse en el siglo XIII, aunque de sus primitivos cimientos no quedan apenas restos, pues se reconstruyó totalmente entre la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI.





La visita a Sigüenza la finalizamos en su Castillo o Alcázar de los obispos seguntinos. El castillo de los obispos de Sigüenza fue erigido en el primer cuarto del siglo XII sobre otro anterior musulmán. Sufrió reformas en siglos posteriores, y fue parcialmente destruido en el XIX, en el año 1811 y durante las guerras carlistas, y en el siglo XX durante la guerra civil, lo que obligó a una restauración casi total siguiendo los planos y documentos antiguos, para acabar convirtiéndose en el Parador Nacional de Turismo. En este bonito lugar nos hicimos la foto de grupo los expedicionarios.


Pese a los percances habidos durante la excursión, creo sinceramente que el balance ha sido altamente positivo. Hemos disfrutado de un precioso día, hemos hollado la auténtica naturaleza y hemos visitado una más que bonita ciudad.

A las siete de la tarde iniciamos nuestro camino de vuelta a Madrid, llegando a nuestra sede de Alberto Alcocer poco antes de las nueve de la noche. Metro y Cercanías mediante, a las diez de la noche estaba en casa.

Juan José Alonso Panero

Las Rozas de Madrid, 8 de junio de 2016



miércoles, 13 de abril de 2016

LOS PUEBLOS NEGROS DE GUADALAJARA


Tras varios meses sin escribir nada, a falta de material viajero, me pongo de nuevo ante el ordenador para transmitir a mis benévolos lectores una nueva excursión. La última que constaba en este Blog se realizó en noviembre del pasado año y fue al pantano de Buendía, la ruta de las caras. Así pues, vuelvo a coger la pluma para describir un nuevo viaje, también éste realizado con la Hermandad de Jubilados de los ministerios de Comercio, Economía y Hacienda.

Me acompaña, como en ocasiones anteriores, mi amigo Pedro. En nuestro punto de partida, Alberto Alcocer 2, Madrid, la sede del ministerio y de la Hermandad, saludo a mis compañeros organizadores del Grupo de Viajes, Elena, Jorge y Pilar e Isabel. También intercambio afectuosos saludos con otros compañeros de viajes anteriores, como Victoria y Juan, pero especialmente me produjo una gran alegría, debido al tiempo transcurrido sin coincidir en un desplazamiento, el poder abrazar a Soco y a Juan Antonio, con los que hice amistad en aquel fantástico viaje que realizamos, también con la Hermandad, al norte de Italia y la región de los Lagos en 2013.

Las fotos. Como hago en todas las ocasiones, doy la información técnica pertinente. Todas las fotografías del reportaje están tomadas con una Leica M9-P y un solo objetivo, el Leica Elmarit 28mm f/2,8.

Los Pueblos Negros

En esta ocasión el desplazamiento es a los llamados Pueblos Negros de Guadalajara, Camplillejo, Campillo de Ranas y Majaelrayo, con parada inicial en Tamajón, donde recogemos a nuestro estupendo guía Manuel, y último punto a visitar en Cogolludo, donde nos deleitó con su sabiduría la guía Sandra.


El autobús se pone en marcha a las 09:10, con un retraso de 10 minutos causado por una viajera rezagada a la que se esperó prudencialmente. Tras un viaje sin incidencias de aproximadamente hora y media, y después de hacer parada técnica en Tamajón, donde recogemos a nuestro guía Manuel, como ya queda dicho, nos dirigimos al primer punto previsto en el viaje, pero antes, y haciendo uso de la excelente página Web http://www.pueblosarquitecturanegra.es/ transcribimos una información que considero muy interesante como prólogo del viaje:


La sierra noroccidental de Guadalajara, entre las vertientes meridionales de Somosierra y de la Sierra de Ayllón, atesora uno de los conjuntos más impresionantes de la arquitectura popular europea: la Arquitectura Negra, que se encuentra en periodo de declaración por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, dado su extraordinario valor etnográfico, arquitectónico y paisajístico.


La principal característica de esta arquitectura es el uso de la pizarra negra tanto en las cubiertas como en los muros de las casas, que es extraída del propio entorno natural de la zona. Las grandes lajas pizarrosas de las cubiertas y los muros de similar roca dan el peculiar color negruzco a las construcciones y el nombre a esta singular arquitectura popular.


Dado el clima extremadamente frío de la comarca, con largos y duros inviernos y frecuentes nevadas, los edificios son de anchos muros, aposentos pequeños, con grandes espacios reservados para cocinas y chimeneas y división del recinto con estancias bien diferenciadas para las personas, el ganado y los productos de la tierra.


Portones de madera, ventanas muy pequeñas y grandes chimeneas vienen a completar un conjunto arquitectónico de enorme belleza. Este tipo de arquitectura se aplica en la zona a toda clase de construcciones: viviendas, cerramientos ganaderos y delimitaciones agrícolas, caminos, puentes, tainas para el ganado, etc., que se mimetizan con el entorno natural del territorio en una simbiosis casi perfecta, dando lugar a un incomparable marco de gran uniformidad cromática y espectacular atractivo.

Además de los materiales constructivos empleados, la historia y forma de vida de los habitantes de esta zona han permitido que hoy estas pequeñas poblaciones conformen un patrimonio único: los Pueblos de la Arquitectura Negra de Guadalajara.

Campillejo


Tras atravesar el Parque Natural de la Sierra Norte, del que nuestro guía Manuel nos ilustra profusamente sobre su flora y fauna, arribamos sobre el medio día a Campillejo, pedanía de Campillo de Ranas, que según las fuentes consultadas tiene censados a 26 habitantes.


La verdad es que la primera impresión para quien nunca ha hollado estos parajes, resulta impactante. Las construcciones, todas ellas en pizarra negra, nos envuelven en un mundo que cuanto menos, abruma. Recorremos la pequeña pedanía en pocos minutos y nos centramos sobre todo en su coqueta iglesia, cuya arquitectura define nuestro guía como “rural urbana”. La visitamos en su interior, austera y recogida y con una temperatura cercana al frío, de modo que quien más y quien menos agradece la vuelta al exterior, donde disfrutamos de un fantástico día de sol que ronda los 20 grados.


De nuevo en el autobús, nos dirigimos a nuestra siguiente visita,

Campìllo de Ranas


Este pueblecito, a 60 Km de Guadalajara, con 186 habitantes censados, está enclavado en torno a un hermoso paisaje, con el pico Ocejón en el horizonte, uno de los más altos de la provincia con 2.049 metros. Próxima a la zona están los dos hayedos más meridionales de Europa, el de Montejo de la Sierra y el de la Tejera Negra así como el nacimiento del río Jarama.


Como curiosidad, Campillo de las Ranas se menciona en uno de los Episodios Nacionales del insigne Pérez Galdós, en concreto en Juan Martín el Empecinado, en boca de un tal Viriato, personaje de novela picaresca (“Yo, señor oficial, estudiaba en la Complutense cuando declaramos la guerra a Napoleón. Soy hijo de unos labradores de Campillo de las Ranas…), pero la historia más bonita de este pueblo viaja con nosotros y no puedo resistirme a contarla aunque solo sea someramente.


En esta localidad, nuestro amigo Juan Antonio vivió de niño, pues su padre estuvo destinado aquí como profesor del pueblo, y frente a la casita que en su día habitó, lo fotografío en unión de su esposa Soco. Juan Antonio no había regresado al pueblo desde el ya lejano 1953, nada menos que ¡¡¡63 años!!! y se le ve realmente emocionado. Me relata sus recuerdos de niño, sin electricidad en el pueblo, me describe su cocina alumbrada por un candil, rodeados de nieve en el frío y largo invierno… Una historia realmente entrañable.


Junto a la iglesia, en torno a la cual juega un grupo de niños custodiado por quien parece ser su profesor, nos detenemos a escuchar a nuestro guía, que nos emplaza junto a un reloj solar.


Finalizada la visita a Campillo de Ranas, nos dirigimos al que hoy va ser el último punto de nuestra excursión en lo que a los llamados Pueblos Negros se refiere,
Majaelrayo


Aquí arribamos poco después de la una del mediodía y permanecimos durante una media hora escuchando las sabias palabras de Manuel, que además de la parte formal e histórica del enclave, nos relata una anécdota que hizo famoso al pueblo y a uno de sus habitantes en los años 90 del pasado siglo.


En este lugar se grabó un anuncio célebre de una marca de automóviles todo terreno, que sacó del anonimato al pueblo y que tuvo por protagonista al abuelo Jesús y su memorable frase:

“…y qué, ¿el Madrid de nuevo campeón de Europa?...”.

Majaelrayo es un conjunto urbano, con 52 habitantes censados situado a 1.185 metros de altitud en plena Sierra de Ayllón. Al igual que en los otros dos pueblos visitados, las edificaciones urbanas se estructuran a lo largo de las calles formando núcleos complejos como corrales o patios delanteros delimitados por vallas de pizarra con pequeñas edificaciones complementarias.


Paseamos por Majaelrayo donde, al igual que en las otras localidades, pude tomar algunas fotografías, y alrededor de la una y media de la tarde abandonamos el lugar con dirección a Tamajón donde nos despedimos de nuestro guía Manuel y continuamos el viaje hasta

Cogolludo

localidad con 648 habitantes censados, que, como nos informa el prospecto que amablemente nos proporcionó el Ayuntamiento,  se asienta a unos 900 metros de altitud sobre una colina cercana al valle de Henares, entre las primeras estribaciones de la Sierra Norte y el final de la Campiña. Reconquistada por Alfonso VI en 1085, poco después Cogolludo recibió el título de villa. A partir de entonces perteneció a los arzobispos de Toledo, a la orden de Calatrava y a la familia Mendoza para, finalmente, pasar a formar parte de los dominios del primer Duque de Medinaceli, que edificó aquí su majestuoso palacio.


Los siglos XVI y XVII fueron una época de gran esplendor para la población, levantándose entonces conventos y hospitales y reedificánose las dos iglesias.
Antaño dedicada al cultivo de olivos, vides y cereales, hoy en día se ha convertido en un atractivo destino tanto para los amantes del arte como para los de la buena mesa, que acuden a degustar el tradicional cabrito regado con un buen vino de Cogolludo.

Aquí arribamos sobre las 14:30 y nos dirigimos directamente al restaurante Saboya, donde iba a tener lugar nuestro almuerzo.

El almuerzo en Cogolludo

La comida fue realmente estupenda. La cito para dar envidia a quien me lea. De primero, una excelente sopa de ajos y de plato principal, como no podía ser menos, cabrito asado con guarnición de patatas fritas y ensalada. El cabrito, realmente fuera de serie, espectacular. De postre disfrutamos a elección, de flan, helados variados, fruta o arroz con leche. Todo ello regado con un buen vino tinto y tras los postres no faltó el aguardiente de orujo o el licor de yerbas o de café. Tampoco estuvieron ausentes las infusiones y el café.

Este es el lugar para dar cuenta de otra noticia emotiva: nuestra compañera del grupo de Viajes y vocal de Cultura de la Hermandad, Isabel, que hoy cumplía años, ochenta y muchos según nos dijo, nos obsequió con una copa de cava o de sidra, a elección. No le faltó nuestro cariño y por supuesto tampoco el consabido “cumpleaños feliz”.

La visita al Palacio de los Medinaceli


Tras la sobremesa, a las 17:00 horas iniciamos en compañía de nuestra guía Sandra, la visita al palacio de los Medinaceli, o por mejor decir, lo que queda de él, aunque como nos informó nuestra estupenda guía, ha sido restaurado en los últimos años.

Fue su promotor el primer Duque de Medinaceli, quien, a finales del siglo XV y de la mano del maestro de obras Lorenzo Vázquez, levantó el primer palacio renacentista que se edificaba fuera de Italia.


El edificio fue ricamente decorado con yeserías y azulejerías mudéjares. Testimonio de su magnificencia es la crónica de la visita de Felipe el Hermoso en 1502, que lo calificó como “el más rico alojamiento de España”.


Maltratado por el paso de los siglos, de su antiguo esplendor aún subsiste la monumental fachada, restos de los patios y galerías del jardín y algunas yeserías mudéjares. El edificio alberga ahora un pequeño museo donde se exponen restos arqueológicos del palacio y muestras de su primitiva azulejería.


De lo poco que queda en pie del edificio, llama poderosamente la atención una monumental chimenea en un excelente estado de conservación.


Paseamos por los patios del palacio vislumbrando el paisaje que lo rodea, atisbando en lontananza las ruinas del Castillo de origen árabe, que a pesar de haber sido volado en 1810 por las tropas francesas, aún conserva una valiosa torre del siglo X.


En la gran Plaza Mayor de la localidad y con la monumental fachada del palacio de Medinaceli a nuestras espaldas, el grupo de viajeros quedó retratado para la posteridad.

Finalizamos nuestra visita a Cogolludo en la iglesia de Santa María, de estilo gótico tardío de la primera mitad del siglo XVI, aunque su portada es ya renacentista. Despojada durante la guerra civil de sus antiguos retablos, aún conserva un gran lienzo de José de Ribera, El Españoleto.

A las 18:40 se ponía en marcha nuestro autobús que nos devolvería a nuestra sede en Madrid, exactamente a las 20:05 tras un plácido viaje. Metro y Cercanías mediante, a las 21:00 estaba en casa en Las Rozas.

Juan José Alonso Panero

Las Rozas de Madrid, 10 de abril de 2016





lunes, 16 de noviembre de 2015

BUENDIA, LA RUTA DE LAS CARAS


El pasado 31 de octubre fue mi último día en activo como funcionario del Estado tras 44 años de servicio. Once días después, en concreto el 11 del actual mes de noviembre efectuaba una excursión con la Hermandad de Jubilados de los ministerios de Comercio, Economía y Hacienda. Aunque miembro de la Hermandad desde hace ya tres años, con la que he compartido viajes en otras ocasiones, esta ha sido la primera vez que lo realizo como jubilado “de verdad”.

En cuanto a las fotografías de esta narración, indico para los curiosos, como tengo por costumbre, la ficha técnica de las mismas: todas ellas fueron realizadas con una Leica M9-P y dos objetivos Leica, Elmarit 28mm f/2,8 y Summicron 50mm f/2,0.


La excursión de la que vamos a hablar (en esta ocasión va a ser un relato breve) había sido preparada conjuntamente por los grupos de Senderismo y de Viajes de la Hermandad. En mi caso concreto, la relación la he mantenido siempre con el grupo de Viajes y sus miembros activos, Jorge y Pilar, Elena y Maribel.

En esta oportunidad, para ser la última expedición del año 2015, los dos grupos han aunado fuerzas para realizar un desplazamiento que en esta ocasión trataba de compaginar el senderismo con la cultura turística propia del grupo viajero. Antes de seguir con la narración, debo decir que la expedición fue un completo éxito, en cuya preparación, como ya he dicho participaron todos los miembros del grupo de Viajes y Senderismo, pero en esta ocasión tengo que hacer una mención especial de Jorge y Pilar, que se desplazaron previamente a nuestro lugar de destino a fin de atar cabos y completar cualquier posible eventualidad. Ellos son los “responsables” del almuerzo, del que daré cuenta al final del relato.
La ocasión me parecía pintiparada para seguir en contacto con mi amigo Pedro, de modo que tras mi sugerencia, se unió a la expedición.


A las 09:15 de la mañana, con un retraso de 15 minutos a causa de la incorporación tardía de una viajera, partió nuestro autobús desde la sede de la Hermandad en Alberto Alcocer 2. Tomamos la autopista A-2 y tras una hora y media de viaje arribamos a Buendía, provincia de Cuenca. Hicimos una primera “parada técnica” en un restaurante bar, en cuyos alrededores pude contemplar alguna que otra casa horadada en la piedra y, además, un antiguo lavadero, mantenido en muy buenas condiciones.


De nuevo en el autobús, y tras unos 3 Km de marcha, llegamos a nuestro punto de destino, una ruta senderista cercana a los 2 Km con una dificultad baja.

La ruta de las caras




El lugar, un hermoso pinar, se encuentra en la ribera del pantano de Buendía. Aquí, aprovechando las condiciones especiales de la naturaleza, en concreto de la roca arenisca presente en el entorno, los escultores Jorge Maldonado y Eulogio Reguillo, realizaron entre 1992 y 2007 una serie de obras escultóricas, hasta un total de 18, que dan al lugar un aspecto casi mágico.




Las esculturas van desde símbolos, como la Moneda de la vida, la Cruz Templaria o la Espiral del Brujo, hasta auténticas figuras humanas como Krishna, Maitreya, Arjuna o bien vírgenes como la de la Almudena o la Virgen de los Desamparados, para finalizar en lo alto de un promontorio con una gigantesca calavera.



Los pormenores de todas las tallas nos fueron descritos, con precisión y destreza, por un joven guía, Alberto, que nos acompañó durante todo el recorrido y seguiría con nosotros hasta finalizar la excursión en el centro de la población.


El grupo, unos con más destreza (con seguridad, los senderistas) y otros con mejor voluntad que facultades, acorde con los años que la mayoría de nosotros acarreamos a nuestras espaldas, recorrió el lugar y disfrutó del maravilloso ambiente y el increíble día, 20 grados y sin una sola nube en el cielo, que nos deparaba un noviembre casi insólito.


Aprovechamos la ocasión del emplazamiento para hacer unas fotografías del grupo, que pese a la insistencia de los organizadores, no aparece completo. Siempre resulta difícil lograr “lo imposible”, es decir conseguir que posen a la vez 50 excursionistas.


Antes de abandonar el lugar no podemos dejar de hablar de la presa de Buendía, construida en 1958 en el cauce del río Guadiela. Tiene 80 m de altura con una capacidad de 1.639 Hm3 y está unida a Entrepeñas por un canal subterráneo. En su época fue la mayor reserva artificial de agua en Europa.

Buendía


De nuevo en el autobús nos desplazamos hasta el centro de Buendía, donde en primer lugar visitamos la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. El templo, que data de los siglos XV-XVII, se encuentra en la Plaza Mayor frente al Ayuntamiento, es de estilo gótico, totalmente en sillería, con ventanas abocinadas y planta rectangular de 1.000 m2. Sus tres naves, a idéntica altura están sustentadas por 8 columnas cilíndricas. El interior de la iglesia, desgraciadamente sufrió daños irreversibles durante nuestra Guerra Civil.


Una vez visitada la iglesia y contemplada la Plaza Mayor y el Ayuntamiento, nos desplazamos al Museo del Carro, interesante sitio donde pudimos contemplar carruajes de diferentes épocas, datando el más “joven” de la exposición, de 1962. Terminada la visita, continuamos hasta el cercano pueblo de Alcocer, provincia de Guadalajara, donde llegamos cerca ya de las 15:30.

Almuerzo en Alcocer

Aquí, en el establecimiento Casa Goyo efectuamos un refrigerio que me va a ser difícil de calificar. Mi buen amigo Gonzalo, que tiene la mala costumbre de leer estos relatos, me dice que últimamente paso casi sobre ascuas en los pormenores de nuestras colaciones. Pues bien, aquí doy un detalle más que pormenorizado de nuestro almuerzo: entrantes compuestos de torreznos, un morteruelo realmente magnífico y un revuelto de huevos y gambas, al que siguió una sopa de cocido y una pierna de cordero asada. La comida quedó rematada con un extraordinario flan casero con nata dispuesto en bandejas, y que pese a nuestra buena voluntad no pudimos finalizar, acabando los restos en diversos contenedores que más de un expedicionario se llevó a casa. Todo ello regado con un excelente vino de rioja y finalizado con café e infusiones.

Como anécdota, debo relatar que el establecimiento, de gran capacidad, estaba repleto, pues además de otros comensales y los 50 miembros de nuestra expedición, se encontraban presentes una veintena de oficiales de la Guardia Civil de Tráfico que debían de celebrar algún evento. Los miembros de la Benemérita fueron oportunamente aplaudidos por la concurrencia.

Tras una larga sobremesa, a las 17:30 iniciábamos el camino de regreso a Madrid, arribando a la capital a las 19:30.


Mi amigo Pedro y yo, tras despedirnos de los expedicionarios, nos dirigimos a la boca de Metro de Cuzco con dirección a nuestras respectivas casas. Yo arribaba a la mía poco antes de las 20:30.

Aquí finaliza un relato que esta vez, en contra de lo habitual, es corto, pero no por ello su contenido descrito fue menos exitoso que en otras ocasiones. Un día perfecto rematado por un almuerzo excepcional.

Juan José Alonso Panero

Las Rozas de Madrid, a 14 de noviembre de 2015